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Adaptaciones VMin-MinV

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    CAPÍTULO NUEVE     







    Fue llevado a ver a YeongSu temprano en la mañana, luego de una larga entrevista que tuvo con dos sirvientes jinsunian los cuales le sacaron todo cuanto conocía sobre esclavos. No había sabido cómo responder a algunas de las preguntas que le hicieron. Con otras se  sintió más seguro: «¿Estaban entrenados según estándares jinsunian? ¿podrían confiar en que entretuvieran a los huéspedes? “Sí, tenían formación lingüística y conocían las costumbres de Jinju tanto como las de Vazk, aunque tal vez no entendieran los dialectos provinciales. Y, por supuesto, sabían todo lo que se necesitaba de Daegu e Goryeo. No de Busan”», se oyó decir a sí mismo. Nadie nunca se hubiera imaginado que podría haber un tratado o un intercambio.

    Las habitaciones de YeongSu se parecían a las de JiMin, aunque más pequeñas. Este salió de la alcoba con el aspecto de haber descansado bien. Vestía solo pantalones y una bata. Esta cayó directamente hacia el suelo a ambos lados de su cuerpo, dejando al descubierto un pecho bien definido, ligeramente peludo.

    A través de la arcada, Tae pudo ver una cabeza dorada y pálidas extremidades tumbadas en la cama. Solo por un momento recordó a YeongSu coqueteando con JiMin en el balcón, pero el cabello era rizado  y de una tonalidad demasiado oscura. 

    ㅡEstá durmiendo ㅡinformó YeongSu.


    Hablaba en voz baja, para no molestar a YeJun. Le señaló una mesa, donde ambos se sentaron. La túnica del jinsunian se asentó en pliegues de seda pesada.

    ㅡNo hemos aún… ㅡ empezó YeongSu, y hubo un silencio. Tae se había acostumbrado tanto a la forma de hablar tan explícita de los busanians que esperó, en silencio, a que dijera lo que tenía la intención de decir. Le llevó un momento darse cuenta de que, para un jinsunian, ese silencio expresaba todo lo necesario. El embajador continuó: ㅡÉl es... muy dispuesto, pero sospecho que ha habido algún maltrato, no solo las marcas. Te traje aquí porque quería preguntarte por el alcance de ello. Me preocupa hacer algo sin darme cuenta... ㅡ Otro silencio. Los ojos del embajador eran oscuros. ㅡ Creo que ayudaría saber.

    Tae pensó: «esto es Busan,  no hay una delicada manera jinsunian para describir las cosas que pasan aquí». 

    ㅡEstaba siendo entrenado como esclavo personal para el Príncipe de Daegu ㅡexplicó Taeㅡ. Es probable que fuera virgen antes de llegar a Busan. Pero no después.

    ㅡYa veo.

    ㅡNo conozco el alcance de ello ㅡañadió.

    ㅡNo es necesario decir más. Es como yo sospechaba ㅡconfirmó YeongSuㅡ. Bueno, te doy las gracias por tu sinceridad y por tu trabajo esta mañana. Entiendo que es costumbre dar a las mascotas un regalo después de “brindar un servicio”. ㅡ El jinsunian le dirigió una mirada evaluadora. ㅡ No te ves como del tipo para joyas.

    Tae, sonrió un poco y dijo: ㅡNo. Gracias.

    ㅡ¿Hay algo más que te pueda ofrecer?

    Pensó en ello. Había algo que quería desesperadamente. Pero era peligroso preguntar. La veta de la mesa era oscura, solo el borde estaba tallado, el resto era una superficie plana lisa.

    ㅡVos estuvisteis en Daegu. ¿Estuvisteis allí después de los funerales?

    ㅡSí, eso es correcto.

    ㅡ¿Qué pasó con el harén del Príncipe… después de su muerte?

    ㅡSupongo que fue disuelto. He oído que sus esclavos personales cortaron sus propias gargantas por la pena. No sé nada más.

    ㅡPor la pena ㅡ repitió Tae, recordando el sonido de las espadas y su propia sorpresa, la sorpresa que había significado el no comprender lo que estaba ocurriendo hasta que fue demasiado tarde. 

    ㅡBaekHyun se enfureció. El Guardián de los Esclavos Reales fue ejecutado por dejar que sucediera. Y algunos guardias.

    Sí. Había advertido a DaeHee. BaekHyun querría borrar la evidencia de lo que había hecho. DaeHee, los guardias, quizás incluso la esclava rubia que le había atendido en los baños. Todos los que conocieran la verdad, sistemáticamente, habrían de ser asesinados.

    Casi todos. Tae tomó aliento. Cada fibra de su cuerpo le dijo que no debía arriesgarse a preguntar, y sin embargo, no pudo evitarlo.

    ㅡ¿Y ChaeYoung?

    Pronunció su nombre como si la llamara, sin un título. YeongSu le miró especulativamente.

    ㅡ¿La amante de BaekHyun? Estaba en buen estado de salud. El embarazo se estaba llevando a cabo sin incidentes... ¿No lo sabías? Lleva al niño de BaekHyun. Si habrá boda o no, todavía está en cuestión, pero sin duda será del interés de BaekHyun asegurar la sucesión. Todo parece indicar que va a presentar al niño como… 

    ㅡSu heredero ㅡconcluyó Tae.

    Ese sería su precio. Recordó cada perfecto rizo de su cabello, como tortuosa seda. «Cierra esa puerta».

    Miró al frente. Y de repente, se dio cuenta, por la forma en que el otro lo miraba, que se había entretenido con ese tema demasiado tiempo.

    ㅡSabes ㅡdijo YeongSu lentamenteㅡ, te pareces un poco a BaekHyun.

    Es algo en los ojos. En la forma de la cara. Cuanto más te miro… 

    «No».

    ㅡ… más lo veo. ¿Alguna vez alguien…

    «No».

    ㅡ… lo notó antes? Estoy seguro de que JiMin podría… 

    ㅡNo ㅡcortó Taeㅡ. Yo… 

    Sonó demasiado enérgico, y demasiado urgente. El pulso le latía violentamente en el pecho, mientras era arrastrado de vuelta desde las imágenes de su hogar  hacia  aquella… decepcionante realidad. Sabía que lo único que se interponía entre él y el descubrimiento inmediato, era la audacia de lo que BaekHyun había hecho. Un hombre honrado como YeongSu nunca sospecharía ese tipo de descaro, esa ingeniosa perfidia.

    ㅡPerdonadme. Quise deciros que… espero que no le digáis al Príncipe que creéis que me parezco a BaekHyun. No estaría contento con la comparación en absoluto. ㅡNo era una mentira. El cerebro de JiMin no tendría ningún problema en saltar de pista en pista hasta la respuesta. Estaba demasiado cerca de adivinar la verdad ya. ㅡNo siente amor por la familia Real de Daegu.

    Debería haber dicho algo acerca de que estaba halagado de escuchar que existía tal semejanza, pero sabía que no sería capaz de que su boca formara esas palabras.

    Por el momento, al menos, YeongSu se distrajo.

    ㅡLos sentimientos de JiMin hacia Daegu son demasiado conocidos ㅡexplicó YeongSu con mirada de preocupaciónㅡ. He tratado de hablar con él al respecto. No me sorprende que quiera a esos esclavos lejos del palacio. Si yo fuera JiMin, sospecharía de cualquier regalo daeg. Con los conflictos surgiendo entre los kyroi, lo último que puede permitirse BaekHyun es un vecino hostil en su frontera Norte. El Regente está abierto a la amistad con Daegu, pero JiMin... sería en interés de BaekHyun mantenerlo fuera del trono.

    Tratar de imaginar a BaekHyun conspirando contra el Heredero Busanian era como tratar de imaginar a un lobo conspirando contra una serpiente.

    ㅡCreo que el Príncipe puede tener su propio interés ㅡ sugirió Tae secamente. 

    ㅡSí. Puede que tengas razón. Tiene una mente rara. ㅡYeongSu se levantó mientras hablaba, indicando que la entrevista había terminado. En ese mismo momento, Tae percibió señales de movimiento en la cama. ㅡ Estoy esperando renovar lazos con Busan después de su ascensión.

    «Porque os ha hechizado», pensó Tae, «porque sois un soñador y no tenéis ni idea de su naturaleza».

    ㅡPuedes decirle lo que dije si gustas. Oh, y dile que estoy deseando batirlo con la marca hoy ㅡdijo YeongSu con una sonrisa cuando Tae hizo su salida.




    Tae, por suerte para su sentido de auto-preservación, no tuvo oportunidad de decirle a JiMin ninguna de esas cosas, puesto que fue conducido a cambiarse de ropa. Iba a salir para acompañar al Príncipe. No necesitaba preguntar “¿Acompañarlo dónde?” Era el último día de YeongSu, y este era bien conocido por disfrutar de la caza.

    La verdadera caza deportiva se llevaba a cabo en Castillon, pero estaba demasiado lejos para ir por un día, y había algunas excursiones asequibles alrededor de las tierras ligeramente boscosas de Geumjeong. Por lo que, un poco indispuesta debido al vino de la noche previa, la mitad de la Corte se levantó a media mañana y se trasladó al exterior.

    Tae fue transportado, ridículamente, en una litera, del mismo modo que lo fue YeJun y algunas de las otras gráciles mascotas. No estaban allí para participar, sino para asistir a sus amos después de que el ejercicio hubiera acabado. Tae y YeJun tenían como destino la tienda Real. Hasta que la delegación de Jinju partiera, el primero no podría intentar escapar. Ni siquiera podría aprovechar el paseo para espiar la ciudad de Geumjeong y sus alrededores. La litera estaba cubierta. Tenía una muy buena vista de una sucesión de figuras copulando, tales eran las escenas bordadas en la parte interna de la cobertura de seda.

    La nobleza estaba cazando jabalíes, o lo que los busanians llamaban “sanglier”, una especie del Norte que era más grande, con los colmillos más largos en el macho. Una desfile de sirvientes, desde antes del amanecer, o tal vez incluso trabajando durante la noche, habían transportado toda la opulencia del palacio al exterior, levantando tiendas de campaña ricamente coloreadas y cubiertas de banderines y pendones. Había una gran cantidad de refrescos que eran servidos por atractivos pajes. Los caballos estaban decorados con lazos, y las sillas de montar, con incrustaciones de piedras preciosas. Esta era una cacería con todos los cueros exquisitamente pulidos, cada almohada mullida y todas las necesidades satisfechas. Pero a pesar de todo el lujo, todavía era un deporte peligroso. Un jabalí era más inteligente que un ciervo o, incluso, que una liebre, que correría hasta escaparse o ser superado. Un jabalí, temible, furioso y agresivo, de vez en cuando se volteaba  y luchaba.

    Llegaron, descansaron, almorzaron. La recepción estaba montada. Los exploradores se dispersaron. Para sorpresa de Tae, había una o dos mascotas entre los jinetes pululando alrededor; vio a Yun en un caballo junto a EunJi; y montando muy pulcramente sobre un ruano bastante rojizo estaba Sook, acompañando a su amo Choi.

    Dentro de la tienda, no había ningún indicio de HyeonU. El Regente montaba, pero su niño mascota había sido dejado atrás.

    Las palabras de JiMin la noche anterior habían sido una sorpresa. Era difícil conciliar lo que ahora sabía con el carácter y el porte del hombre. El Regente no daba señales de sus… gustos. Tae casi podría haber pensado que JiMin estaba mintiendo. Salvo que se veía en todos los aspectos del comportamiento de HyeonU, que era verdad. ¿Quién si no la mascota del Regente se comportaría tan descaradamente como ese niño lo hacía en compañía de príncipes?

    Teniendo en cuenta las lealtades de HyeonU, era extraño que JiMin aparentara sentirse atraído por él; le parecía extraño, incluso para alguien inusual como él, pero ¿quién sabía lo que pasaba en esa laberíntica mente?

    No había nada que hacer más que observar mientras los jinetes montaban y esperaban la primera señal del juego. Tae se acercó a la entrada de la tienda y se asomó.   

    La partida de cazadores iluminada por el sol se extendía por la colina, con sus joyas y pulidos cueros parpadeando. Los dos príncipes montaban uno al lado del otro, cerca de la tienda. YeongSu parecía poderoso y competente. JiMin, vestido para la caza, cubierto de cuero negro, presentaba un aspecto aún más austero de lo habitual. Montaba una yegua baya. Era una hermosa montura, de proporciones perfectamente equilibradas y caderas largas hechas para la caza, pero era rebelde y difícil, ya cubierta por una fina y perlada capa de sudor. Cedió ante JiMin, quien la controlaba bajo una ligera rienda; era una oportunidad para mostrar su prestancia, la cual era excelente. Pero era una exhibición sin sentido. La caza, como el arte de la guerra, requería fuerza, resistencia y habilidad con un arma. Pero más importante que esas tres cualidades, requería un caballo tranquilo.

    Los perros trenzaban su camino entre las patas de los caballos. Habían sido entrenados para estar cómodos con los animales grandes; adiestrados para ignorar a las liebres, los zorros y los ciervos; y no concentrarse en otra cosa más que en los sanglier.

    La yegua inquieta de JiMin comenzó a agitarse otra vez; el jinete se inclinó hacia delante en la silla, murmurándole algo mientras le acariciaba el cuello con un gesto extrañamente suave, para tranquilizarla. Luego miró a Tae.

    Era un desperdicio de la naturaleza haber conferido aquella buena apariencia a un ser cuyo carácter era tan desagradable. La piel blanca de JiMin y sus ojos azules eran una combinación rara en Jinju, más rara aún en Daegu y una debilidad en particular para Tae. El cabello color oro lo empeoraba.

    ㅡ¿No os podéis permitir un buen caballo? ㅡmencionó Tae. 

    ㅡIntentad seguirme ㅡdijo JiMin.

    Se lo dijo a YeongSu después de una fría mirada hacia Tae. Un roce de sus talones y su montura se movió como si fuera parte de él. El jinsunian, que estaba sonriendo, lo siguió.

    A lo lejos, un cuerno sonó, anunciando el juego. Los jinetes espolearon sus monturas y todo el grupo partió hacia el sonido del cuerno. Los cascos tronaron tras el ladrido de los perros. El terreno estaba solo ligeramente arbolado, con follaje disperso aquí y allá. Una gran tropilla a medio galope. Tenía una vista clara de los perros y los jinetes delanteros acercándose a una zona más boscosa. El jabalí estaría en algún lugar bajo aquella cubierta. No pasó mucho tiempo antes de que el grupo estuviera fuera de la vista, atravesando los árboles, sobre la cresta de la colina.

    Dentro de la tienda Real, los sirvientes estaban retirando lo último del almuerzo, el cual habían devorado reclinados sobre los cojines esparcidos, con el ocasional vagabundeo de  algún perro, que era expulsado, de buen humor,  fuera de la tienda.

    YeJun era como un adorno exótico, sumisamente arrodillado sobre un cojín del color de las manzanas amarillas. Había hecho un trabajo muy discreto al servir a YeongSu durante el almuerzo, y luego, al arreglar su traje de montar. Llevaba una túnica corta de estilo jinsunian que exponía sus brazos y piernas, sin embargo, era lo suficientemente larga como para cubrir sus cicatrices. De regreso en el interior de la tienda, Tae no miró a ningún otro lugar.

    YeJun miró hacia abajo y trató de no sonreír; en su lugar se sonrojó, lenta y delicadamente.


    ㅡHola ㅡsaludó Tae.

    ㅡSé que has arreglado esto de alguna manera ㅡdijo YeJun. Era incapaz de ocultar aquello que sentía, y parecía resplandecer levemente de felicidad avergonzada ㅡ. Mantuviste tu promesa. Tú y tu amo. Te dije que era amable.

    ㅡLo dijiste ㅡconfirmó Tae.

    Se alegró de ver a YeJun feliz. Lo que sea que creyera de JiMin, Tae no iba a disuadirlo.

    ㅡEs incluso mejor en persona. ¿Sabes que vino y habló conmigo? ㅡ le confió el joven eslavo.

    ㅡ… ¿lo hizo? ㅡpreguntó el otro. Era algo que no podía imaginar.

    ㅡMe preguntó por... lo que ocurrió en los jardines. Luego me advirtió. Sobre la pasada noche.

    ㅡTe advirtió ㅡrepitió Tae. 

    ㅡDijo que HyeonU me haría actuar ante la Corte y que sería horrible, pero que si era valiente, algo bueno podría venir al final de ello. ㅡ YeJun miró a su interlocutor con curiosidad. ㅡ¿Por qué pareces sorprendido?

    ㅡNo lo sé. No debería estarlo. Le gusta planear las cosas de antemano ㅡdijo Tae.

    ㅡNo habría sabido siquiera de alguien como yo si tú no le hubieras pedido que me ayudara ㅡindicó el esclavoㅡ. Es un príncipe, su vida es muy importante, mucha gente debe querer que haga cosas por ellos. Me alegro de tener esta oportunidad para darte las gracias. Si hay una manera de recompensártelo, la encontraré. Juro que lo haré.

    ㅡNo hay necesidad. Tu felicidad es pago suficiente.

    ㅡ¿Y qué hay de ti? ㅡle preguntóㅡ ¿No quieres estar solo, por tu cuenta?

    ㅡTengo un amo amable ㅡdijo Tae.

    Las palabras le salieron bastante bien, considerando todas las cosas.

    YeJun se mordió el labio, y los rizos dorados le cayeron sobre la frente. 

    ㅡ¿Estás  enamorado de él?

    ㅡNo exactamente ㅡrespondió Tae.

    Hubo un momento de silencio. Fue YeJun quien lo rompió.

    ㅡA mí... siempre me enseñaron que el deber de un esclavo es sagrado, que debíamos honrar a nuestros amos a través de la sumisión y ellos nos honrarían a cambio. Y yo creí en eso. Pero cuando dijiste que te enviaron aquí como castigo, entendí que para los hombres de este lugar no hay honor en la obediencia y es vergonzoso ser esclavo. Tal vez ya había empezado a entender eso, incluso antes de que me hablaras. Traté de decirme a mí mismo que era una sumisión aún más grande convertirse en nada, no tener ningún valor, pero no podía…  Creo que la sumisión está en mi naturaleza, como no lo está en la tuya, pero necesito a alguien… a quien pertenecer.

    ㅡTienes a alguien ㅡindicó Taeㅡ. Los esclavos son apreciados en Jinju, y YeongSu está loco por ti.

    Me gusta ㅡconfesó YeJun tímidamente, sonrojándoseㅡ. Me gustan sus ojos. Creo que es guapo. ㅡY luego se sonrojó de nuevo ante su propia audacia.

    ㅡ¿Más guapo que el Príncipe de Daegu? ㅡTae bromeó.

    ㅡBueno, nunca lo vi, pero realmente no creo que pudiera ser más guapo que mi Señor ㅡdijo YeJun. 

    ㅡYeongSu no te diría esto él mismo, pero es un gran hombre ㅡle informó Tae sonriendoㅡ. Incluso entre los príncipes. Pasó la mayor parte de su vida en el Norte, luchando en la frontera con Vask. Él fue quien finalmente acordó la paz entre Vask y Jinju. Es el más leal sirviente del rey YeoSang, además de su hermano.

    ㅡOtro reino... en Daegu, ninguno de nosotros pensó que dejaríamos el palacio.

    ㅡSiento que tengas que ser desarraigado de nuevo. Pero no va a ser como la última vez. Puedes  entusiasmarte con este viaje. 

    ㅡSí. Eso es…  Yo... tendré un poco de miedo, pero seré muy obediente ㅡdijo YeJun. Y se sonrojó de nuevo.




    Los primeros en regresar fueron los cazadores de a pie y los guías caninos de la primera  cuadrilla, que traían a un grupo de perros exhaustos, luego de haber liberado una segunda jauría fresca al frente de los jinetes cuando estos se lanzaron más adelante. Sobre los guías también recayó el trabajo de acabar con los perros que habían sido heridos, sin posibilidad de recuperación, por los colmillos afilados del jabalí.

    Existía una extraña atmósfera entre ellos, no era solo la pesada fatiga, la lengua colgando de los perros. Era algo en los rostros de los hombres. Tae percibió un toque de inquietud. La cacería de jabalíes era un deporte peligroso. En el umbral de la tienda,  llamó a uno de ellos.

    ㅡ¿Sucedió algo?

    El guía canino explicó: 

    ㅡVe con pies de plomo. Tu señor está de un humor feroz.

    «Bueno, las cosas vuelven a su cauce».

    ㅡDéjame adivinar. Alguien más derribó al jabalí.

    ㅡNo. Él lo hizo ㅡinformó el perrero con un dejo amargo en la vozㅡ. Destrozó a su yegua para lograrlo… ella nunca tuvo una oportunidad. Incluso antes de que la guiara a la lucha que destrozó su tobillo trasero, ella ya tenía sangre desde el flanco hasta el hombro debido a las espuelas. ㅡSeñaló con el mentón la espalda de Tae. ㅡTú ya sabrás algo al respecto ㅡconcluyó.

    Tae lo miró fijamente, sintiéndose repentinamente débil y asqueado.

    ㅡElla era una guerrera con experiencia ㅡcontinuóㅡ. El otro, el príncipe JeonGguk, era excelente con los caballos, ayudó a domarla cuando era potranca.

    Estaba tan cerca como cualquier persona de su posición podría estarlo, de criticar a un príncipe.

    Uno de los otros hombres, al verlos, se acercó un momento más tarde. 

    ㅡNo le prestes atención a Jean. Está de muy mal humor. Él fue quien tuvo que meterle el cuchillo a través de la garganta a la yegua y dejarla en el suelo. El Príncipe le echó la bronca por no haberlo hecho lo suficientemente rápido.

    Cuando los jinetes regresaron, JiMin montaba un caballo castrado, gris y musculoso, lo que significaba que en algún lugar entre el grupo de cazadores había un par de cortesanos  que cabalgaban compartiendo.

    El Regente fue el primero en entrar a la tienda; quitándose los guantes de montar, entregó el arma a un sirviente.

    Afuera, hubo aullidos repentinos; el jabalí habría llegado y, probablemente, estaba siendo destripado; la piel del vientre siendo abierta y todos los órganos internos arrancados, entregando los despojos a los perros.

    ㅡSobrino ㅡempezó el Regente.

    JiMin llegó con suave gracia a la tienda. Había una aséptica ausencia de expresión en sus helados ojos azules y fue muy claro que la descripción de “humor feroz” se quedaba corta.

    El Regente le dijo: 

    ㅡTu hermano nunca tuvo ninguna dificultad para dar en el blanco sin sacrificar a su caballo. Pero no vamos a hablar de eso.

    ㅡ¿De verdad? ㅡmasculló JiMin. 

    ㅡHyeonU me dijo que habéis influenciado a YeongSu en la negociación de los esclavos. ¿Por qué hacerlo en secreto? ㅡobservó el Regente. Su mirada seguía a JiMin lenta y pensativamenteㅡ. Supongo que la pregunta real es ¿qué os motivó a hacerlo?

    ㅡPensé que era terriblemente injusto de vuestra parte ㅡexpuso JiMin arrastrando las palabrasㅡ quemar la piel de esos esclavos cuando no me habéis permitido despellejar al mío aunque fuera un poco.

    Tae sintió que todo su aliento abandonó su cuerpo.

    La expresión del Regente cambió. 

    ㅡVeo que no podéis evitar la ironía. No voy a satisfacer tu estado de ánimo actual. La petulancia es fea en un niño y peor en un hombre. Si rompes tus juguetes, no es culpa de nadie, solo tuya.

    El Regente se fue atravesando la abertura formada con los faldones de la tienda que se mantenían plegados con cuerdas de seda roja. Desde fuera se oyeron voces, el crujir de los enseres de cuero y todo el entorno bullicioso de una partida de cazadores;  lo más cercano era el sonido de los lienzos de la tienda aleteando al viento. Los ojos azules de JiMin estaban fijos en él.

    ㅡ¿Algo que decir? ㅡdijo JiMin.

    ㅡOí que mataste a tu caballo.

    ㅡEs solo un caballo ㅡseñaló ㅡ. Haré que mi tío me compre uno nuevo.

    Esas crueles palabras parecieron divertirle; había un particular borde áspero en su voz. Tae pensó, mañana por la mañana se va YeongSu, y otra vez seré libre para intentar escapar de este lugar deprimente y traicionero, tan pronto como pueda.



    La oportunidad llegó dos noches después, aunque no de una manera que hubiera previsto.

    Estaba despierto en la oscuridad de la noche con las antorchas resplandeciendo, cuando las puertas de su cuarto se abrieron de golpe. Supuso que sería JiMin (cuando se trataba de visitas nocturnas y despertares bruscos, siempre era JiMin).  Sin embargo, eran solamente dos hombres de uniforme, llevaban la librea del Príncipe. No reconoció a ninguno de ellos.

    ㅡHas sido llamado ㅡinformó uno, soltando la cadena del suelo y dando un tirón. 

    ㅡ¿Llamado adónde?

    ㅡEl Príncipe ㅡaclaró el otroㅡ te quiere en su cama.

    ㅡ¿Qué? ㅡexclamó Tae, parándose en seco, por lo que la cadena se tensó.

    Sintió un fuerte empellón en la espalda. 

    ㅡMuévete. No quiero hacerle esperar. 

    ㅡPero… ㅡ Clavó sus talones después del empujón.

    ㅡMuévelo.

    Dio un paso hacia adelante, resistiéndose aún. Otro más. Iba a ser un viaje lento.

    El hombre detrás de él juró. 

    ㅡLa mitad de la guardia está caliente por joderlo. Pensé que estarías más feliz con la idea.

    ㅡEl príncipe no quiere que yo lo folle ㅡindicó Tae.

    ㅡPodrías meneárselaㅡ le dijo el hombre a sus espaldas, y sintió el pinchazo de la punta de un cuchillo detrás de él, por lo que se dejó llevar fuera de la habitación.


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    CAPÍTULO DOS





    ㅡ¿El Regente estuvo aquí la pasada noche? ㅡEl hombre de los anillos saludó a Tae sin preámbulos. Cuando este asintió, aquel frunció el ceño, dos líneas se formaron en el centro de su frente. ㅡ¿Cuál era el estado de ánimo del Príncipe?

    ㅡDelicioso ㅡironizó Tae.

    El hombre de los anillos le dio una dura mirada. Y después se apartó para dar una breve orden al criado que estaba limpiando los restos de la comida de Tae. Luego volvió a hablar con este.

    ㅡMi nombre es DakHo. Soy el Supervisor. Solo tengo una cosa que explicarte. Dicen que en Daegu atacaste a tus guardias. Si haces eso aquí, tendré que drogarte como lo hicieron a bordo del barco y quitarte varios privilegios.¿Entiendes?

    ㅡSí.

    Otra mirada, como si esta respuesta fuera de alguna manera sospechosa.

    ㅡEs un honor haberte unido a la Casa del Príncipe. Muchos desean tal posición. Sea cual sea tu desgracia en tu propio país, te ha puesto en un sitio de privilegio aquí. Deberías inclinarte sobre tus rodillas en agradecimiento al Príncipe por esta situación. Deberías dejar tu orgullo a un lado y olvidar el pequeño asunto de tu vida anterior. Existes solo para complacer al Príncipe Heredero del que depende la administración de este país, quien asumirá el trono como su rey.

    ㅡSí ㅡaceptó Tae, e hizo su mejor esfuerzo para parecer agradecido y mostrarse de acuerdo.

    Al despertar, a diferencia de ayer, no había sufrido ninguna confusión en cuanto a dónde estaba. Sus recuerdos estaban muy claros ahora. Su cuerpo había protestado inmediatamente debido al maltrato de JiMin; sin embargo, luego de hacer un breve inventario, reconoció que sus heridas no eran peores que las que había recibido de vez en cuando en el campo de batalla, por lo que dejó el asunto a un lado.

    Cuando DakHo terminó de hablar, escuchó el lejano sonido de un desconocido instrumento de cuerda tocando una melodía busanian. La cadencia viajaba a través de esas puertas y ventanas con sus muchas y pequeñas aberturas.

    La ironía era que, en algunos aspectos, la descripción de DakHo sobre su situación privilegiada era correcta. Este no era el tipo de celda que había habitado en Daegu, ni estaba drogado, ni se parecía al confinamiento vagamente recordado a bordo del barco. Esta habitación no era una cámara de la cárcel, era parte de la residencia para las mascotas Reales. La comida se le había servido en plato dorado adornado con un intrincado follaje, y cuando la brisa nocturna se levantó, a través de las ventanas blindadas llegó el delicado aroma de jazmín y frangipani.

    Exceptuando que era una prisión. Exceptuando que tenía un collar y una cadena alrededor de su cuello, y que se encontraba solo, rodeado de enemigos, a muchos kilómetros de casa.

    Su primer privilegio fue ser vendado y llevado, con escolta completa, para ser bañado y preparado en un ritual que ya conocía de Daegu. El palacio, fuera de su habitación, seguía siendo un misterio debido a sus ojos vendados. El sonido del instrumento de cuerda se volvió más fuerte durante un instante, y luego se desvaneció en un eco poco entusiasta. Una o dos veces oyó el bajo sonido melodioso de unas voces. En otra ocasión, una risa suave y amorosa.

    Mientras era llevado a través de las estancias de las mascotas, Tae recordó que no era el único daeg que había sido obsequiado a Busan, y sintió un ramalazo de preocupación por los otros. Los protegidos esclavos del palacio de Daegu podrían estar desorientados y vulnerables al no haber aprendido nunca las habilidades que necesitaban para valerse por sí mismos. ¿Podrían siquiera comunicarse con sus amos? Fueron instruidos en varios idiomas, pero era probable que el vereciano no fuera uno de ellos. Las relaciones que tenían con Busan eran limitadas y, hasta la llegada del consejero GeounSoo, en gran medida, hostiles. La única razón por la que Tae conocía esa lengua era porque su padre había insistido en que, para un príncipe, conocer el idioma de su enemigo era tan importante como aprender la lengua de un aliado.

    La venda fue quitada.

    Nunca se acostumbraría a la ornamentación. Desde el techo abovedado a la cuneta que contenía el agua que circulaba alrededor de los baños, la habitación estaba cubierta de diminutas mayólicas pintadas, brillando en azules, verdes y dorados. Todo el sonido se reducía al eco del vapor. Una serie de nichos curvos (actualmente vacíos) rodeaban las paredes; en cada uno había braseros moldeados en formas fantásticas. La puerta adornada con grecas no era de madera, sino de metal. El único instrumento de sujeción era un incongruente armazón de tablas pesadas. No coincidía con el resto de la decoración en absoluto y Tae trató de no pensar que había sido traída allí expresamente para él. Evitando poner sus ojos sobre ella, se encontró mirando el repujado18 del metal en la puerta. Las figuras se enroscaban unas con otras, todos hombres. Sus posturas eran bastante explícitas. Desplazó los ojos hacia las aguas corriendo.

    ㅡSon aguas termales naturales ㅡ le explicó DakHo como a un niño ㅡ. El agua proviene de un gran río subterráneo que está caliente.

    Un gran río subterráneo caliente. Tae dijo:

    ㅡEn Daegu usamos un sistema de acueductos para lograr el mismo efecto.

    DakHo frunció el ceño.

    ㅡSupongo que piensas que eso es muy inteligente. ㅡYa estaba haciendo señas a uno de los criados con gesto ligeramente distraído.

    Lo desnudaron y lo lavaron sin atarlo; Tae se comportó con una docilidad admirable, había decidido demostrar que se le podían confiar pequeñas libertades. Tal vez funcionara, o tal vez DakHo estaba acostumbrado a esclavos obedientes, era un supervisor, no un carcelero, según dijo.

    ㅡTe remojarás. Cinco minutos.

    Con pasos vacilantes se metió en el agua. Su escolta se retiró; el cuello le fue liberado de la cadena.

    Tae se sumergió en el agua, disfrutando de la breve e inesperada sensación de libertad. El agua estaba tan caliente que casi bordeaba el límite de lo tolerable; sin embargo, se sentía bien. El calor se filtró en él, fundiendo el dolor de sus miembros maltratados y aflojando los músculos que estaban agarrotados por la tensión.

    DakHo lanzó algún material en los braseros al alejarse, así que humearon al ser encendidos más tarde. Casi de inmediato, el recinto se llenó de un aroma dulce que se mezcló con el vapor. Aquello impregnaba los sentidos, por lo que Tae se relajó aún más.

    Sus pensamientos, un poco a la deriva, se encaminaron hasta JiMin.

    «Tienes una cicatriz». Los dedos de Tae se deslizaron por su pecho húmedo, alcanzando la clavícula para continuar siguiendo la pálida línea cicatrizada mientras sentía un eco de la inquietud que se había agitado en él la noche anterior.

    Era el hermano mayor de JiMin quien se la había infligido, seis años atrás, en la batalla de Myeon. JeonGguk, el heredero y orgullo de Busan. Tae recordó su enmarañado cabello dorado, la explosión de estrellas del blasón del Príncipe Heredero en el escudo salpicado con barro y sangre, abollado y casi irreconocible, al igual que su otrora bella armadura con filigranas. Recordó su propia desesperación en esos momentos, el roce del metal contra el metal, los ásperos sonidos de jadeos que bien podrían haber sido suyos, y la sensación de luchar como nunca lo había hecho, sin tregua, por su vida.

    Dejó el recuerdo a un lado solo para cambiarlo por otro, más oscuro que el primero, y más antiguo. En algún lugar en lo profundo de su mente, otra lucha volvió a resonar. Los dedos de Tae se hundieron debajo de la superficie del agua. La otra cicatriz se ubicaba más abajo en su cuerpo. Esa no era de JeonGguk. No era de un campo de batalla.

    BaekHyun lo había ensartado en su decimotercer cumpleaños, durante un entrenamiento.

    Recordaba ese día con mucha claridad. Había anotado un golpe contra BaekHyun por primera vez, y cuando se quitó el yelmo, mareado por el triunfo, BaekHyun sonrió y le sugirió que cambiaran las armas de madera de práctica por espadas reales.

    Tae había sentido orgullo. Había pensado: «tengo trece años y ya soy un hombre, BaekHyun pelea conmigo como si fuera un hombre». Su hermano no se contuvo contra él y Tae había estado tan orgulloso de eso, incluso cuando la sangre brotó por debajo de sus manos. Ahora recordó la oscura mirada en los ojos de BaekHyun y se dio cuenta de lo equivocado que estaba en muchas cosas.

    ㅡSe acabó el tiempo ㅡinterrumpió DakHo.

    Tae asintió. Puso sus manos en el borde del baño termal. El ridículo collar y los puños de oro todavía adornaban su cuello y muñecas.

    Los braseros estaban ahora cubiertos, pero el persistente olor del incienso aún daba un poco de vértigo. Tae se sacudió la turbación momentánea y se levantó de los baños termales, derramando agua.

    DakHo lo miraba fijamente, con los ojos bien abiertos. Tae se pasó una mano por el pelo, escurriendo la humedad. Los ojos del supervisor se agrandaron aún más. Entonces, cuando dio un paso adelante, aquel dio un involuntario paso hacia atrás.

    ㅡContenedle ㅡordenó DakHo, un poco ronco.

    ㅡNo tienes que… ㅡ dijo Tae.

    El armazón de madera se cerró sobre sus muñecas. Era pesado y sólido, inamovible como un peñasco o el tronco de un gran árbol. Apoyó la frente contra la plataforma, los mechones de su pelo mojado oscurecieron con su roce la madera.

    ㅡNo tenía la intención de pelear ㅡbalbuceó Tae

    ㅡMe alegra oír eso ㅡ dijo DakHo.

    Una vez seco, se lo embadurnó con esencias y se quitó el exceso de aceite con un paño. Nada peor que lo que ya le habían hecho en Daegu. Los toques de los sirvientes fueron rápidos y superficiales, incluso cuando se concentraron en sus genitales. En aquellos preparativos no hubo rastro de la sensualidad que había habido cuando Tae fue tocado por la esclava rubia en los baños de Daegu. No era lo peor que había tenido que soportar.

    Uno de los sirvientes se colocó detrás y comenzó a preparar la entrada de su cuerpo.

    Tae se sacudió con tanta fuerza que la madera crujió y detrás de él se oyó la rotura violenta de un envase de aceite contra el azulejo sumada al grito de uno de los sirvientes.

    ㅡSujetadlo ㅡpidió DakHo, severamente.

    Lo liberaron del armazón cuando todo terminó, y esa vez su docilidad estaba ligeramente mezclada con la conmoción, así que fue, por unos momentos, menos consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor. Se sintió cambiado por lo que le había sucedido. No. No había cambiado. Era la situación la que había cambiado. Se dio cuenta de que este aspecto de su cautiverio, este peligro, a pesar de las amenazas de JiMin, no lo había sentido antes como real.

    ㅡNada de pintura ㅡdijo DakHo a uno de los sirvientesㅡ. Al príncipe no le gusta. Joyería… no. El oro es adecuado. Sí, esas prendas. No, sin el bordado.

    La venda estaba firmemente apretada otra vez sobre sus ojos. Un momento después, Tae percibió los dedos cargados de anillos en la línea de su mandíbula, levantándola como si simplemente deseara admirar esa figura de ojos vendados y brazos atados a la espalda, que se le presentaba.

    Su captor dijo:

    ㅡSí, eso bastará, creo.



    Esa vez, cuando la venda fue quitada, un conjunto de puertas dobles, pesadas y muy doradas, se abrieron.

    La sala estaba atestada de cortesanos y engalanada para un espectáculo de interior. Soportes acolchados rodeaban cada uno de los cuatro lados de la sala. El efecto era de un anfiteatro claustrofóbico cubierto de seda. Había un aire de gran entusiasmo. Damas y caballeros jóvenes se inclinaban y susurraban al oído de otros, o hablaban en voz baja por detrás de sus manos levantadas. Los sirvientes asistían a los cortesanos; había vino, refrescos y bandejas de plata con montones de dulces y frutas confitadas. En el centro de la habitación había una depresión circular, con una serie de eslabones de hierro incrustados en el suelo. El estómago de Tae se contrajo. Su mirada se dirigió de nuevo hacia los cortesanos en las gradas.

    No solo había cortesanos. Entre los señores y las damas, vestidos más sobriamente, había criaturas exóticas vistiendo sedas de colores brillantes, mostrando destellos de carne, y con hermosos rostros embadurnados con pintura. Allí había una mujer joven que llevaba casi más oro que Tae: dos brazaletes con dos largas vueltas en forma de serpientes. Allá, un imponente joven de cabello rojo tenía una diadema de esmeraldas y una delicada cadena de plata y olivina alrededor de la cintura. Era como si los señores distinguidos mostraran su riqueza por medio de las mascotas, como un noble exhibiendo joyas en una ya costosa cortesana.

    Vio en las gradas a un hombre mayor con un joven muchacho a su lado, su brazo rodeaba al niño como indicando propiedad, tal vez un padre que había llevado a su hijo a ver el deporte favorito. Olió el aroma dulce y familiar de los baños y vio a una mujer respirando profundamente a través de un tubo largo y delgado, curvado en un extremo; tenía los ojos medio cerrados mientras acariciaba a una mascota enjoyada a su lado. Todos al otro lado de los puestos movían lentamente las manos sobre las carnes de otros en una docena de pequeños actos de libertinaje.

    Esto era Busan, voluptuosa y decadente, un país de meloso veneno. Tae recordó la última noche antes del amanecer en Myeon, con las tiendas busanians sobre el río, ricos estandartes de seda elevándose en el aire de la noche, los sonidos de la risa y la superioridad, y el heraldo que había sido lanzado al suelo delante de su padre.

    Tae se dio cuenta de que estaba bloqueando el umbral cuando le dieron un tirón hacia adelante en la cadena del cuello. Un paso. Otro. Mejor caminar que ser arrastrado del pescuezo.

    No sabía si sentirse aliviado o preocupado cuando no fue llevado directamente al centro sino que fue arrojado delante de un asiento cubierto de seda azul y con ese familiar diseño de explosión de estrellas en oro, marca del Príncipe heredero. Su cadena fue fijada a un enganche en el suelo. El panorama disponible al levantar la cabeza era de una elegante pierna calzando botas.

    Si JiMin había estado bebiendo en exceso la noche anterior, nada en su forma presente lo revelaba. Parecía fresco, bello y despreocupado; su cabellera rubia brillaba sobre la vestimenta de un azul tan oscuro que casi parecía negra. Sus ojos cerúleos parecían tan inocentes como el cielo, y solo si buscabas con esmero podías ver algo genuino en ellos. Como, por ejemplo, antipatía. Tae podría haber atribuido el enojo al intercambio de la pasada noche con su tío, y a que pretendía hacérselo pagar por haber presenciado aquello. Pero la verdad era que el Príncipe lo había mirado de esa forma desde el primer momento en el que había puesto los ojos sobre él.

    ㅡTienes un corte en el labio. Alguien te ha golpeado. Oh, es cierto. Recuerdo. Te quedaste quieto y le dejaste. ¿Duele?

    Era peor sobrio. Tae deliberadamente relajó sus manos, ya que, aun sujetas a su espalda, se habían convertido en puños.

    ㅡTenemos que conversar un poco. Ya ves: he preguntado por tu salud, y ahora estoy haciendo memoria. Recuerdo con cariño nuestra noche juntos. ¿Has pensado en mí esta mañana?

    No había una buena respuesta a esa pregunta. La mente de Tae inesperadamente trajo a colación un recuerdo de los baños, el calor del agua, el dulce olor del incienso, la ondulación del vapor. «Tienes una cicatriz».

    ㅡMi tío nos interrumpió justo cuando las cosas se ponían interesantes. Me entró curiosidad. ㅡLa expresión de JiMin era inocente, pero se iba transformando lentamente en un témpano, en busca de alguna debilidad. ㅡ¿Hiciste algo para que BaekHyun te odiara? ¿Qué fue?

    ㅡ¿Odiarme? ㅡdijo Tae, mirando hacia arriba, sintiendo la reacción en su voz a pesar de la decisión de no involucrarse. Esas palabras lo sacudieron.

    ㅡ¿Crees que te ha enviado a mí por amor? ¿Qué le has hecho? ¿Golpearlo en un torneo? ¿O joder con su amante?, ¿Cómo se llamaba?, ChaeYoung. Tal vez ㅡdijo JiMin y sus ojos se abrieron un pocoㅡ le fuiste infiel después de que te follara.

    Esa idea lo sublevó tanto que lo tomó por sorpresa; sintió bilis en su garganta.

    ㅡNo.

    Los ojos azules de JiMin brillaban.

    ㅡAsí que es eso. BaekHyun monta a sus soldados como si fueran los caballos en el patio. ¿Apretabas los dientes y lo tomabas porque era el rey, o porque te gustaba? De verdad ㅡ dijo JiMin ㅡ, no tienes ni idea de lo feliz que me hace esa idea. Es maravillosa: un hombre que te mantiene sujeto mientras te folla, con una polla del tamaño de una botella y una barba como la de mi tío.

    Tae se dio cuenta de que había reculado al sentir que la cadena se tensaba. Había algo escabroso en alguien con un rostro como aquel diciendo esas cosas en una voz tan coloquial.

    Más desagradable fue ver como el desagrado se retrajo tras la llegada de un selecto grupo de cortesanos, a quienes JiMin presentó un rostro angelical. Tae se puso rígido al reconocer al embajador GeounSoo, vestido con su pesada ropa negra y su medallón de consejero en el cuello.

    De las breves palabras que JiMin dijo a modo de saludo, dedujo que la mujer con aire de mando se llamaba EunJi, y que el hombre con la nariz puntiaguda era DongJun.

    ㅡEs tan raro veros en estos espectáculos, Alteza ㅡdijo EunJi.

    ㅡEstaba de humor para disfrutarlos ㅡrespondió JiMin.

    ㅡVuestra nueva mascota está causando un gran revuelo. ㅡByul se paseó alrededor de Tae mientras hablaba. ㅡNo se parece en nada a los esclavos que BaekHyun le regaló a vuestro tío. Me pregunto si Su Majestad ha tenido la oportunidad de verlos Son mucho más...

    ㅡLos he visto.

    ㅡNo parecéis contento.

    ㅡBaekHyun envió dos docenas de esclavos entrenados para arrastrarse por los dormitorios de los miembros más poderosos de la Corte. Estoy eufórico.

    ㅡ¡Qué tipo de espionaje más placentero! ㅡexclamó EunJi poniéndose cómoda ㅡPero el Regente mantiene a los esclavos bajo control según he oído, y no los ha prestado en absoluto. De todos modos, dudo que vayamos a verlos en la arena. No tienen bastante… ímpetu.

    DongJun suspiró y acercó a su mascota, una flor delicada que parecía que podía salir herido si lo frotabas con un pétalo.

    ㅡNo todo el mundo tiene tu gusto en mascotas que aniquilan al competir en la palestra, EunJi. Yo, por mi parte, estoy aliviado de saber que todos los esclavos daegs no son como este. No lo son, ¿verdad?ㅡ Esto último lo dijo con un poco de nerviosismo.

    ㅡNo. ㅡEl consejero GeounSoo habló con autoridad. ㅡNinguno de ellos lo es. Entre la nobleza daeg el dominio es un signo de estatus. Los esclavos son sumisos. Supongo que es un cumplido para Vos, Alteza, para dar a entender que podéis someter a un esclavo fuerte como este…

    No. No lo era. BaekHyun se divertía a costa de los demás. En realidad era una humillación para su medio hermano y un insulto al revés para Busan.

    ㅡ… en cuanto a su procedencia, tienen encuentros en la arena regularmente con espada, tridente, daga; supongo que él era uno de los luchadores de exhibición. Es realmente bárbaro. No llevan casi nada durante los combates con espada, y luchan desnudos.

    ㅡComo mascotas ㅡse rió uno de los cortesanos.

    La conversación giró en torno a los chismes. Tae no oyó nada útil en ella, pero para entonces estaba teniendo dificultades para concentrarse. La arena, con su promesa de humillación y violencia, atraía la mayor parte de su atención. Pensó: así que el Regente mantiene una estrecha vigilancia sobre los esclavos. Al menos es algo.

    ㅡEsta nueva alianza con Daegu no puede perpetuarse tan tranquilamente con vos, Alteza ㅡdijo Estienneㅡ. Todo el mundo sabe cómo os sentís acerca de ese país. Sus prácticas bárbaras, y por supuesto, lo que ocurrió en Myeon…

    El espacio alrededor de él, de repente, se volvió muy silencioso.

    ㅡEl Regente es mi tío ㅡdijo JiMin.

    ㅡTendréis veintiuno en primavera.

    ㅡEntonces, haríais bien en ser prudente en mi presencia, así como en la de mi tío

    ㅡSí, Alteza ㅡclaudicó DongJun, inclinándose brevemente y alejándose a un lado, reconociendo el despido por lo que era.

    Algo estaba sucediendo en la arena.

    Dos mascotas masculinas habían entrado, y estaban de pie con un poco de cautela, a la manera de los competidores. Uno era moreno, con largas pestañas y ojos almendrados. El otro, sobre el que la atención de Tae naturalmente gravitó, era rubio, aunque su pelo no era del amarillo “botón de oro” de JiMin, era más oscuro, un color arenoso; y sus ojos no eran azules, sino castaños.

    Tae sintió un cambio en la permanente relajación que había experimentado desde el baño, desde que se despertó en este lugar encima de cojines de seda.

    En el círculo de combate, las mascotas estaban siendo despojadas de sus ropas.

    ㅡ¿Una golosina? ㅡofreció JiMin. Sostenía un bocadillo delicadamente, entre el pulgar y el índice, lo suficientemente lejos de su alcance como para que Tae tuviera que levantarse sobre sus rodillas para poder comerlo de las manos de su amo. El esclavo retrocedió la cabeza.

    ㅡObstinado ㅡcomentó JiMin suavemente, acercándolo a sus propios labios y comiéndolo.

    Una variedad de dispositivos se exhibían sobre la arena: largos palos dorados, diversas restricciones, una serie de bolas doradas con las cuales un niño podría jugar, una pequeña pila de campanas plateadas y unos largos látigos con mangos decorados con cintas y borlas. Era evidente que los espectáculos en la palestra eran variados, e ingeniosos.

    Pero el que se estaba desarrollando frente a él en ese instante era simple: «violación».

    Las mascotas se arrodillaron rodeando con sus brazos al otro mientras un oficiante sostenía un pañuelo rojo en alto y luego lo dejaba caer, agitándolo, hasta el suelo.

    La bonita imagen que las mascotas ofrecían rápidamente se precipitó en una lucha ante el bullicio de la multitud. Ambas mascotas eran atractivas y ligeramente musculosas; ninguna poseía la construcción de un luchador, sin embargo, parecían ligeramente más fuertes que muchas de las esbeltas y delicadas que se enroscaban alrededor de sus amos entre el público. El moreno fue el primero en obtener ventaja ya que era más fuerte que el rubio.

    Tae tomó conciencia de lo que estaba pasando frente a él; en ese momento, cada cuchicheo que había oído en Daegu sobre las depravaciones de la Corte Busanian comenzó a cobrar entidad ante sus ojos.

    El moreno se colocó encima, su rodilla obligaba a que los muslos del rubio se abrieran. Mientras, este último trataba desesperadamente de deshacerse del otro, pero no podía. El moreno mantenía los brazos del perdedor detrás de la espalda mientras empujaba, arremetiendo inútilmente. Y entonces estaba entrando suave como en una mujer, a pesar de que el rubio seguía luchando. El rubio había sido…

    «… preparado».

    El rubio dejó escapar un grito y trató de resistirse a su captor, pero el movimiento solo hizo que este se hundiera más profundo.

    Los ojos de Tae se apartaron, pero era casi peor mirar a la audiencia. La mascota de lady EunJi se sentó con las mejillas enrojecidas; los dedos de su señora estaban bien ocupados. A la izquierda de Tae, el chico pelirrojo desató la parte delantera de las prendas de su amo, y envolvió una mano alrededor de lo que encontró allí. En Daegu, los esclavos eran discretos, los espectáculos públicos eran eróticos pero no explícitos, los encantos de un esclavo eran para ser disfrutados en privado. La Corte no se reunía para ver a dos de ellos follando. Aquí, el ambiente era casi orgiástico. Y era imposible aislarse de los sonidos.

    Solo JiMin parecía inmune. Probablemente estaba tan hastiado que esta demostración ni siquiera causaba que su pulso se acelerara. Se tumbó en una postura elegante, con una muñeca colgando desde el apoyabrazos del sillón. En cualquier momento, se pondría a contemplar sus uñas.

    En la arena, la actuación se acercaba al apogeo. Y, por ahora, era una actuación.

    Las mascotas eran devotas y jugaban para su público. Había cambiado el tipo de sonidos que el rubio emitía, ahora eran rítmicos, siguiendo el compás de las embestidas. El moreno estaba conduciéndole al clímax. El rubio se resistía obstinadamente, mordiéndose el labio para tratar de contenerse, pero con cada golpe fuera de ritmo se acercaba más, hasta que su cuerpo se estremeció y cedió.

    El moreno salió y se corrió, desordenadamente, por toda su espalda.

    Tae presintió lo que venía, justo cuando los ojos del rubio se abrieron y fue ayudado a salir de la arena por un sirviente de su amo, quien se preocupó por él solícitamente y le regaló un gran arete de diamante.

    JiMin levantó los refinados dedos en una señal convenida con el guardia.

    Unas manos sujetaron sus hombros. La cadena se separó de su collar, y cuando se resistió a entrar a la arena como un perro lanzado a la caza, fue obligado allí a punta de espada.

    ㅡContinúas atosigándome para que ponga una mascota en la arena ―dijo JiMin a EunJi y a los otros cortesanos que se habían reunido con élㅡ. Pensé que era hora de satisfacerte.

    No se parecía en nada a participar en la arena de Daegu, donde la lucha era una muestra de grandeza y el premio era el honor. Tae fue liberado de la última de sus restricciones y despojado de sus vestiduras, que no eran muchas. Esto no podía estar sucediendo. Volvió a sentir una extraña sensación de mareo que lo enfermó... Sacudió la cabeza ligeramente ante la necesidad de aclararla y miró hacia arriba.

    Entonces, vio a su oponente.

    JiMin había amenazado con hacer que lo violaran. Y aquí estaba el hombre que iba a llevarlo a cabo.

    No había manera de que esa bestia fuera una mascota. Superaba en peso a Tae, tenía huesos grandes y pesados músculos, con una gruesa capa de piel recubriendo toda su musculatura. Había sido elegido por su tamaño, no por su apariencia. Su pelo era una cortina negra y lacia. Su torso tenía una tupida capa de pelo que se extendía todo el camino hasta su entrepierna expuesta. Su nariz era plana y quebrada; claramente no era ajeno a la lucha; le resultó realmente difícil imaginar a alguien lo suficientemente suicida como para golpear a ese hombre en la nariz. Probablemente había sido adquirido en alguna compañía de mercenarios y le dijeron: «lucha contra el daeg, jódelo, y serás bien recompensado». Sus ojos eran fríos al recorrer el cuerpo de Tae.

    Muy bien, lo superaba. En circunstancias normales, eso no habría sido motivo de inquietud. La lucha era una disciplina de entrenamiento en Daegu, y una en la que Tae sobresalía y disfrutaba. Pero llevaba un tiempo en severo confinamiento y el día anterior había sufrido una paliza.

    Su cuerpo estaba sensible en algunos puntos y su piel morena no ocultaba los magullones: aquí y allá se veían signos reveladores que indicarían a un rival dónde atacar.

    Pensó en eso. Recordó las semanas que siguieron a su captura en Daegu. Recordó los golpes. Pensó en las restricciones. Su orgullo estaba sacudiéndose. No iba a ser violado delante de una sala llena de cortesanos. ¿Querían ver a un bárbaro en la arena? Bueno, el bárbaro sabía luchar.

    Comenzó de la misma forma, un tanto humillante, que con las dos mascotas previas: de rodillas, con los brazos de uno alrededor del otro. La presencia de dos hombres adultos vigorosos en la arena, liberaba algo en la gente que las mascotas no lograban, y los gritos de escarnio, las apuestas y las especulaciones obscenas llenaron el recinto de bullicio. Más cerca, Tae podía escuchar la respiración de su oponente mercenario, podía oler el repugnante olor masculino del hombre sobre el empalagoso perfume de rosas de su propia piel. El pañuelo rojo fue levantado.

    El primer empujón tuvo la fuerza suficiente para romper un brazo. El hombre era una montaña, y cuando Tae intentó igualar fuerza con fuerza, descubrió, con preocupación, que el aturdimiento previo aún permanecía en él. Había algo extraño en la forma en que sus miembros se sentían... aletargados...

    No había tiempo para reflexionar sobre ello. Los pulgares de repente buscaron sus ojos. Giró. Esas partes del cuerpo que eran blandas y vulnerables, aquellas que en una competición honorable se evitarían, ahora debían ser protegidas a toda costa; su rival estaba dispuesto a desgarrar, quebrar y arrancar. Y el cuerpo de Tae, normalmente duro y liso, se encontraba, en aquellos momentos, vulnerable donde fue herido. El hombre que luchaba con él lo sabía. Los golpes que Tae sufrió estaban brutalmente dirigidos sobre sus viejas heridas. Su oponente era fiero y temible, y tenía órdenes de provocar daño.

    A pesar de todo, la primera ventaja fue para Tae. Una vez que luchó y superó ese extraño mareo, la habilidad aún contó para algo. Ganó control sobre el hombre, pero cuando trató de reunir fuerza para terminar las cosas, encontró, en cambio, inestable debilidad. El aire fue expulsado de repente de sus pulmones después de que un golpe se encajara en su diafragma. El otro había quebrado su dominio.

    Encontró un nuevo apoyo. Se abalanzó con todo su peso sobre el cuerpo del mercenario y lo sintió estremecerse. Sacó más fuerza de su interior de la que pensó que tendría. Pero los músculos del hombre se tensaron debajo de él, y esta vez, cuando logró romper su contención, Tae sintió una explosión de dolor en el hombro. Su respiración se tornó irregular.

    Algo andaba mal. La debilidad que sentía no era natural. Cuando otro mareo le recorrió, recordó, de repente, el dulce olor en los baños... el incienso en el brasero... «una droga», él comprendió, y dejó escapar su aliento súbitamente. Había inhalado algún tipo de droga. No solo inhalado, se había embriagado en ella. Nada había sido dejado al azar. JiMin había hecho lo necesario para que el resultado de aquella lucha estuviera asegurado.

    Una nueva y repentina embestida lo hizo tambalear. Le tomó mucho tiempo recuperarse. Forcejeó inútilmente; por unos momentos ninguno de los dos pudo mantener una sujeción. El sudor en el cuerpo del hombre brillaba, haciendo la captura más difícil. El propio cuerpo de Tae había sido ligeramente aceitado; la perfumada preparación untada en los esclavos le dio una irónica e inesperada ventaja, protegiendo momentáneamente su virtud. Concluyó que no era el momento para risas amargas al sentir el cálido aliento del hombre contra su cuello.

    Un segundo después estaba de espaldas, sujeto, la oscuridad amenazó el borde de su visión cuando el mercenario aplicó una presión aplastante contra su tráquea, por encima del collar de oro. Sintió el ímpetu del hombre en su contra. El sonido de la multitud arreció. El hombre estaba tratando de montarse.

    Empujaba contra Tae, su aliento ahora venía con gruñidos suaves. Tae luchó en vano, no lo suficientemente fuerte como para romper esa contención. Sus muslos fueron obligados a separarse. No. Buscó desesperadamente alguna debilidad que pudiera ser explotada, y no la halló.

    Con su objetivo en la mira, la atención del otro hombre se dividió entre la contención de Tae y la penetración.

    Este irradió lo último de sus fuerzas contra el punto de apoyo, y lo sintió temblar lo suficiente como para poder cambiar de posición un poco, justo lo necesario para hacer palanca y liberar un brazo.

    Impulsó el antebrazo hacia los lados, hasta que el pesado puño de oro en su muñeca golpeó con fuerza en la sien del hombre, provocando el morboso sonido de una barra de hierro al impactar sobre carne y hueso. Un momento después, Tae repitió, quizá innecesariamente, el movimiento con el puño derecho, lo que mandó a su aturdido y tambaleante oponente al suelo.

    Se desmoronó, su pesada carne derrumbándose, parcialmente, sobre Tae.

    De alguna manera este se apartó, poniendo instintivamente distancia entre él y el hombre boca abajo.

    Tosió, su garganta estaba sensible. Cuando descubrió que podía respirar comenzó el lento proceso de alzarse sobre sus rodillas y de ahí a sus pies. La violación estaba fuera de toda consideración. El pequeño espectáculo con la mascota rubia había sido todo el entretenimiento que habría. Incluso aquellos hastiados cortesanos no esperarían que jodiera a un hombre que estuviese inconsciente.

    Sin embargo, ahora podía percibir el descontento de la gente. Nadie quería ver el triunfo de un daeg sobre un vereciano. Menos aún, JiMin. Las palabras del consejero GeounSoo volvieron a él, casi en tropel. «Son primitivos».

    No había terminado. No fue suficiente luchar a través de una bruma de drogas y ganar. No había manera de vencer. Ahora era evidente que las órdenes del Regente no se extendían a los espectáculos en la arena. Y lo que ahora le pasara a Tae, le ocurriría con la aprobación de la multitud.

    Sabía lo que tenía que hacer. Contra todo instinto de rebeldía, se obligó a sí mismo hacia adelante y se dejó caer de rodillas frente a JiMin.

    ㅡLucho a vuestro servicio, Alteza. ㅡBuscó en su memoria las palabras de DakHo y las encontró. ㅡExisto solo para complacer a mi Príncipe. Que mi victoria se refleje en vuestra gloria.

    Sabía que no debía mirar hacia arriba. Habló tan claramente como pudo, de modo que sus palabras fueran para los espectadores tanto como para el Príncipe Heredero. Trató de parecer tan complaciente como fuera posible. Agotado y sobre sus rodillas, pensó que aquello no requería esfuerzo. Si alguien lo empujara en ese momento, lo derribaría.

    JiMin extendió su pierna derecha ligeramente, presentando la punta de su bota a Tae.

    ㅡBésala ㅡ ordenó.

    Todo el cuerpo de Tae reaccionó contra esa idea. Su estómago se revolvió; su corazón, en la jaula de su pecho, estaba palpitando. Una humillación pública sustituida por otra. Pero era más fácil besar un pie que ser violado delante de una multitud... ¿no? Tae inclinó la cabeza y apretó los labios contra el suave cuero. Se obligó a hacerlo con reverencia y sin prisa, como un vasallo besaría el anillo de un señor feudal. Besó simplemente la curva de la punta del dedo del pie. En Daegu, un esclavo vehemente podría haber continuado hacia arriba, besando el arco del pie de JiMin o, si se atrevía, más arriba aún, al firme músculo de su pantorrilla.

    Oyó al consejero GeounSoo:

    ㅡHa obrado milagros. Ese esclavo era completamente ingobernable a bordo del barco.

    ㅡTodo perro puede ser sometido ㅡdijo JiMin.

    ㅡ¡Magnífico!ㅡ exclamó una voz suave, refinada, una que Tae no conocía.

    ㅡConsejero BonHwa ㅡsaludó JiMin.

    Tae reconoció al hombre mayor que había visto entre el público previamente. El que se había sentado junto a su hijo o sobrino. Su ropa, aunque era oscura como la de JiMin, era muy fina. No, por supuesto, tan fina como la de un príncipe. Pero casi.

    ㅡ¡Qué victoria! Vuestro esclavo merece una recompensa.

    Permitidme ofreceros una.

    ㅡUna recompensa ㅡrepitió JiMin, categórico.

    ㅡUna pelea como esa, creo que ha sido realmente magnífica, pero sin clímax: permitidme ofrecerle una mascota en lugar de su conquista prevista ㅡdijo Audinㅡ, ya que todos estamos ansiosos de verlo realmente en acción.

    Tae volvió la vista hacia la mascota.

    Aún no terminó. «Haz algo», pensó, «hazte el enfermo».

    El joven no era el hijo del hombre. Era una mascota; aún no había llegado a la adolescencia, tenía delgadas extremidades y su desarrollo se daría en un futuro un tanto lejano. Era obvio que estaba petrificado por Tae. El pequeño surco de su pecho subía y bajaba rápidamente.

    Tendría, como mucho, catorce. Sin embargo, parecía tener doce.

    Tae vio las posibilidades de volver a Daegu consumirse y extinguirse como la llama de una vela, y como todas las puertas de su libertad se cerraban. Obedecer. Seguir las reglas. Besar la bota del Príncipe. Pasar las de Caín. Realmente había creído que sería capaz de ello.

    Reunió lo último de sus fuerzas y dijo:

    ㅡHaced lo que queráis conmigo. Yo no voy a violar a un niño.

    La expresión de JiMin vaciló.

    La objeción llegó de un lugar inesperado.

    ㅡNo soy un niño ㅡdijo el aludido enfurruñado. Pero cuando Tae lo miró con incredulidad, el muchacho rápidamente palideció y se mostró aterrorizado.

    JiMin miraba de Tae al niño y viceversa. Frunció el ceño, como si algo no tuviera sentido. O no fuera a su manera.

    ㅡ¿Por qué no? ㅡdijo bruscamente.

    ㅡ“¿Por qué no?”ㅡrepitió Tae ㅡPorque no comparto vuestro hábito cobarde de golpear solo a aquellos que no pueden devolveros el golpe y obtener cualquier placer hiriendo a los más débiles que yo. ㅡ Impulsado más allá de la razón, las palabras salieron en su propio idioma.

    JiMin, que sabía hablar su idioma, lo miró a los ojos y Tae le devolvió la mirada; y no se arrepintió de sus palabras; no sintió nada, excepto odio.

    ㅡ¿Alteza? ㅡpreguntó BonHwa, confundido.

    JiMin, finalmente, se volvió hacia él.

    ㅡEl esclavo está diciendo que si deseas ver a tu mascota inconsciente, partida por la mitad, o muerta de miedo, entonces necesitarás hacer otros arreglos. Se niega a tus servicios.

    Se impulsó fuera del asiento y Tae fue casi lanzado hacia atrás cuando JiMin pasó, ignorándolo. Le oyó ordenar a uno de los sirvientes: ㅡHaz que traigan mi caballo al patio norte. Voy a dar una vuelta.

    Y luego se acabó; finalmente y de forma inesperada, de alguna manera había concluido. BonHwa frunció el ceño y se marchó. Su mascota trotó tras él, después de lanzar una mirada indescifrable a Tae.

    En cuanto a este, no tenía ni idea de lo que acababa de suceder. En ausencia de otras órdenes, sus guardianes lo vistieron y prepararon para volver al harén. Mirando a su alrededor, vio que la arena estaba vacía, aunque no había percibido si el mercenario había sido llevado, o se había levantado por su propia voluntad. Al otro lado de la palestra había un fino rastro de sangre. Un sirviente estaba de rodillas, fregando. Tae estaba siendo impulsado más allá de un montón de caras borrosas. Una de ellas era la de lady EunJi que, inesperadamente, se dirigió hacia él.

    ㅡPareces sorprendido... ¿estabas esperando disfrutar de ese chico, después de todo? Será mejor que te acostumbres. El Príncipe tiene la reputación de dejar a sus mascotas insatisfechas. ㅡSu risa, un bajo murmullo, se unió al rumor de voces y diversión de los cortesanos que dejaban el anfiteatro, ininterrumpidamente, camino a sus pasatiempos vespertinos.



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    CAPÍTULO OCHO







    Esperaba ocupar un discreto lugar para esclavos, al margen; sin embargo, Tae se sorprendió al encontrarse sentado junto a JiMin, aunque con una fría distancia de  nueve pulgadas interpuestas entre ellos y no en el medio de su regazo, como Sook lo estaba con su amo enfrente.

    JiMin se sentó conscientemente con elegancia. Iba vestido, como siempre, con severidad, aunque su ropa era muy fina, como correspondía a su rango. Sin joyas, salvo una fina diadema de oro en la frente que permanecía oculta debido a la caída de sus cabellos dorados. Cuando tomaron asiento, desabrochó la correa de Tae, la enrolló alrededor de la varilla guía, y luego la arrojó a uno de los asistentes, quien logró atraparla con solo un ligero movimiento de manos.

    La mesa estaba desplegada. Al otro lado de JiMin se sentaba YeongSu, prueba manifiesta de su pequeño éxito. Al otro lado de Tae se ubicaba HyeonU. Posiblemente, otro triunfo de JiMin. El muchacho estaba separado del consejero BonHwa, quien se encontraba sentado en otro sitio, cerca del Regente; parecía como si no tuviera ningún amo cerca de él.

    Se consideraba un enorme error de protocolo tener a HyeonU  en la mesa principal, considerando lo sensibles que eran los jinsunian. Pero HyeonU vestía decentemente y llevaba muy poca pintura. El único detalle vulgar de la mascota era un pendiente en la oreja izquierda: zafiros gemelos colgantes, casi rozando su hombro, demasiado pesados para su rostro juvenil. Por lo demás, podría haber sido confundido con un miembro de la nobleza. Ningún jinsunian supondría que un niño sodomita se sentaba a la mesa junto con la realeza; YeongSu probablemente haría la misma suposición incorrecta que Tae había hecho, y creería que HyeonU era el hijo o el sobrino de alguien. A pesar del pendiente.

    El niño, además, se sentaba con distinción. Su belleza de cerca era sorprendente. Como lo era su juventud. Su voz, cuando hablaba, no tenía quiebres. Tenía el claro tono aflautado de un cuchillo rozando contra el cristal, sin fisuras.

    ㅡNo quiero sentarme a tu lado ㅡdijo HyeonUㅡ. Vete a la mierda.

    Instintivamente, Tae miró a su alrededor para ver si alguien de la delegación jinsunian le había oído, pero nadie lo había hecho. El primer plato de carne estaba siendo servido y la comida acaparaba la atención de todos. HyeonU había tomado su tenedor dorado de tres puntas, pero se había detenido antes de degustar el plato con el fin de hablar. El recelo que había mostrado ante Tae en el anfiteatro parecía que todavía estaba allí. Sus nudillos apretados alrededor del tenedor estaban blancos.

    ㅡEstá bien ㅡaclaró Tae, hablando con el chico tan suavemente como pudo ㅡ. No voy a hacerte daño.

    HyeonU le devolvió la mirada. Sus enormes ojos azules estaban ribeteados como los de una puta, o los de un ciervo. En torno a ellos, la mesa era un fondo colorido de risas y murmullos, cortesanos concentrados en sus propias diversiones, sin prestarles ninguna atención. ㅡBien ㅡdijo HyeonU, y apuñaló el tenedor con saña contra el muslo de Tae debajo de la mesa.

    Incluso a través de una capa de ropa, fue suficiente para hacerlo saltar y agarrar el tenedor instintivamente, al brotar tres gotas de sangre.

    ㅡDisculpadme un momento ㅡpidió JiMin suavemente a YeongSu para girarse y encarar a HyeonU.

    ㅡHice saltar a vuestra mascota ㅡdijo HyeonU, con aire de suficiencia.

    Sin sonar del todo disgustado, confirmó: 

    ㅡSí, lo hiciste.

    ㅡLo que sea que estéis planeando, no va a funcionar.

    ㅡCreo que sí. Apostaste tu pendiente.

    ㅡSi gano, lo usaréis ㅡdijo HyeonU.

    JiMin inmediatamente levantó su copa y se inclinó hacia HyeonU, haciendo un pequeño gesto para sellar la apuesta. Tae trató de sacudirse la extraña sensación de que estaban divirtiéndose.

    HyeonU hizo señas a uno de los sirvientes para pedir un nuevo tenedor.

    Sin un amo al que entretener, HyeonU estaba libre para aguijonear a Tae. Comenzó con una andanada de insultos y especulación explícita acerca de sus prácticas sexuales, todo lanzado en voz demasiado baja para que nadie más pudiera oirlo. Cuando finalmente vio que el daeg no mordía el anzuelo, volvió a sus comentarios sobre el amo de Tae. ㅡ¿Crees que sentarte en la mesa principal junto a él significa algo? No lo hace. No te va a joder. Es frígido.

    El cambio de tema fue casi un alivio. No importa lo crudo que el muchacho fuera, no había nada que pudiera especular sobre las preferencias de JiMin que Tae no hubiera oído ya decir, extensamente y en el lenguaje más vulgar, a los  aburridos guardias del servicio interior.

    ㅡNo creo que “pueda”. Creo que no le funciona lo que tiene. Cuando era más joven, yo solía creer que se lo habían debido cortar. ¿Qué piensas? ¿Lo has visto? «¿Cuando era más joven?» Tae dijo: 

    ㅡNo se lo han cortado.

    Los ojos de HyeonU se estrecharon.

    Tae continuó:

     ㅡ¿Cuánto tiempo has sido mascota en esta Corte?

    ㅡTres años ㅡrespondió con el tipo de tono que decía: “no vas a durar aquí ni tres minutos”.

    Tae lo miró y deseó no haber preguntado. Si tenía la mente de un infante o no, físicamente HyeonU aún no había pasado de niño a adolescente. Todavía era impúber. Parecía más joven que cualquiera de las otras mascotas que Tae hubiera visto en esa Corte, todas las cuales habían pasado por lo menos la pubertad. Tres años…

    La delegación jinsunian permanecía ajena. Con YeongSu, JiMin hacía gala de su mejor comportamiento. Increíblemente, al parecer se había despojado de la malicia y lavado la boca con jabón. Hablaba inteligentemente sobre política y comercio; si de vez en cuando un poco de su agudeza destellaba, la exhibía con ingenio, sin mordacidad, solo lo suficiente como para demostrar: «¿Lo ves? Puedo dar más».

    YeongSu manifestaba cada vez menos ganas de prestarle atención a alguien más. Era como ver a un hombre sonreír mientras se hundía en aguas profundas.

    Por suerte, no duró mucho tiempo. Por un milagro de la moderación, solo hubo nueve platillos, servidos uno detrás de otro, y artísticamente dispuestos en vajilla enjoyada de diseños atractivos. Las mascotas no "prestaban servicios" en absoluto. Estaban sentadas, instaladas junto a sus dueños, algunas eran alimentadas de la mano de estos y un par de ellas incluso se proveían descaradamente a sí mismas, hurtando bocados selectos de sus amos de manera juguetona, como perros falderos mimados que aprendieron que cualquier cosa que hicieran, sus cariñosos dueños la encontrarían encantadora.

    ㅡEs una pena que no haya podido organizar nada para que examinéis a los esclavos ㅡdijo JiMin cuando empezaron a cubrir la mesa con los platos dulces.

    ㅡNo es necesario. Vi a los esclavos del palacio de Daegu. No creo haberlos visto jamás de esa calidad, ni siquiera en Bazal. Además, confío en vuestro gusto, por supuesto.

    ㅡMe alegro ㅡdijo JiMin.

    Tae era consciente de que a su lado, HyeonU estaba escuchando atentamente.

    ㅡEstoy seguro de que mi tío estará de acuerdo con el intercambio si le presionáis lo suficiente ㅡofreció JiMin.

    ㅡSi lo hace, os lo deberé a Vos ㅡaclaró YeongSu.

    HyeonU se levantó de la mesa.

    Tae recorrió las nueve frías pulgadas en la primera oportunidad. 

    ㅡ¿Por qué hacéis esto? Vos fuisteis el que me advirtió sobre HyeonU ㅡdijo hablando en voz baja.

    JiMin se quedó quieto; luego, deliberadamente se removió en su asiento y se inclinó, acercando sus labios a la oreja derecha de Tae.

     ㅡCreo que estoy fuera del alcance de sus estocadas, tiene brazos cortos. ¿O tal vez tratará de tirarme una ciruela azucarada? Es embarazoso. Si la esquivo golpeará a YeongSu.

    Tae apretó los dientes. 

    ㅡSabéis lo que quiero decir. Os oyó. Va a tramar algo. ¿No podéis hacer algo al respecto?

    ㅡEstoy ocupado.

    ㅡEntonces dejadme hacer algo a mí.

    ㅡ¿Desangrarle? ㅡpreguntó JiMin. 

    Tae abrió la boca para responder pero sus palabras fueron contenidas por el sorpresivo roce de los dedos del Heredero sobre sus labios, un pulgar acarició su mandíbula. Era el tipo de contacto ausente que cualquier amo en la mesa podría dar a su mascota. Pero en vista de la reacción de asombro que sacudió a los cortesanos sentados en la mesa, estaba claro que JiMin no hacía este tipo de cosas a menudo. O nunca.

    ㅡMi mascota se sentía descuidada. ㅡSe disculpó con YeongSu.

    ㅡ¿Él es el cautivo que BaekHyun os envió para entrenar? ㅡconsultó YeongSu con curiosidad ㅡ¿Es… seguro?

    ㅡAparenta ser combativo, pero es realmente muy dócil y adorable ㅡcomentó JiMin ㅡcomo un cachorrito.

    ㅡ“Un cachorrito” ㅡrepitió el jinsunian.

    Para demostrarlo, el Príncipe Busanian tomó un dulce de nueces molidas y miel para luego ofrecérselo a Tae del mismo modo que lo había hecho en el anfiteatro, entre el pulgar y el índice.

    ㅡ¿Un caramelo? ㅡconvidó JiMin.

    En el prolongado instante que siguió, Tae consideró, explícitamente, la posibilidad de matarlo.

    Sin embargo, lo tomó. Era empalagosamente dulce. No dejó que sus labios tocaran los dedos de JiMin. Un gran número de personas estaban observándoles. El príncipe enjuagó meticulosamente sus dedos en el tazón de oro destinado al lavado, cuando hubo terminado, y los secó con un pequeño cuadrado de seda.

    YeongSu observó. En Jinju, los esclavos alimentaban a sus amos, pelando frutas y sirviendo bebidas, y no al revés. Al igual que en Daegu. La conversación se recuperó tras la pausa y versó sobre asuntos triviales. En torno a ellos, las creaciones de azúcar con formas fantásticas, las confituras especiadas y los pasteles glaseados estaban siendo lentamente devorados.

    Tae escudriño los alrededores buscando a HyeonU, pero el muchacho se había ido.

    Durante la sosegada tregua tras el banquete y  antes de los espectáculos, a Tae se le dio rienda suelta para vagar, por lo que aprovechó para emprender su búsqueda. JiMin estaba ocupado y, por primera vez, no tenía dos guardias continuamente sobre él. Podría haberse escapado. Podría haber caminado justo a través de las puertas del palacio y desde allí, a la ciudad cercana de Arles. Excepto que no podía irse de aquel sitio hasta que la embajada de YeongSu partiera con los esclavos; esa era, por supuesto, la única razón por la que andaba sin ninguna correa.

    No hizo grandes progresos. Los guardias podrían haber desaparecido, pero la caricia de JiMin había atraído hacia Tae otro tipo de atención.

    ㅡYa predije yo, cuando el Príncipe lo llevó a la arena, que sería muy popular ㅡestaba diciendo EunJi a la dama noble que la acompañabaㅡ. Lo vi actuar en los jardines, pero fue casi un desperdicio de su talento, el Príncipe no le permitió adoptar un papel activo.

    Los intentos de Tae para excusarse no tuvieron en ella impacto en absoluto.

    ㅡNo, no nos dejes todavía. Yun desea conocerte ㅡle indicó EunJi. Ella continuó hablando con la dama que la acompañabaㅡ. Por supuesto, la idea de que una de nosotras mantenga hombres es grotesca. Pero si se pudiera, ¿no crees que él y Yun harían una buena pareja? Ah. Aquí está. Les dejaremos un momento a solas. ㅡY ellas partieron.

    ㅡYo soy Yun ㅡdeclaró la mujer mascota. Su voz tenía un fuerte acento de Ver-Tan, la provincia oriental de Vask.

    Tae recordó a alguien diciendo que a EunJi le gustaban las mascotas que podrían barrer las competiciones en la arena. Yun era casi tan alta como Tae, con brazos desnudos y musculosos. Había algo ligeramente depredador en su mirada, en su ancha boca y en el arco de las cejas. Tae había asumido que las mascotas, al igual que los esclavos, serían sexualmente sumisas a sus amos, como se acostumbraba en Daegu. Sin embargo, él sólo podía hacer conjeturas sobre la relación entre EunJi y esta mujer en la cama.

    Ella comenzó diciendo: 

    ㅡCreo que un guerrero de Ver-Tan mataría fácilmente a un guerrero de Daegu.

    ㅡCreo que dependería del guerrero ㅡexpresó con cautela.

    Ella pareció considerar su respuesta hasta encontrarla, finalmente, aceptable.

    La mujer continuó: 

    ㅡEstamos esperando. Sook actuará. Él es muy “popular”, está “de moda”. Lo has tenido. ㅡNo esperó que él confirmara esa declaración. ㅡ ¿Qué piensas de él?

    «Bien instruido». La mente de Tae le proporcionó la respuesta, «taimado, como una sugerencia murmurada al oído». Frunció el ceño y respondió: 

    ㅡAdecuado.

    ㅡSu contrato con Lord Choi termina pronto. Sook buscará un nuevo contrato, un mejor postor. Quiere riqueza, estatus. Es una tontería. Lord Choi quizá ofrezca menos dinero, pero es bondadoso; y nunca pone a las mascotas en la arena. Sook ha hecho muchos enemigos. Si lo ponen a luchar, alguien arrancará sus verdes ojos por "accidente".

    Tae se estremeció en contra de su voluntad.

     ㅡ¿Es por eso que él está persiguiendo la atención Real? ¿Quiere al Príncipe para… ㅡIntentó el vocabulario desconocido ㅡ…ofertar por su contrato?

    ㅡ¿El Príncipe? ㅡdijo Yun con desprecioㅡ. Todo el mundo sabe que el Príncipe no mantiene mascotas.

    ㅡ¿Ninguna en absoluto? ㅡQuiso aclarar el daeg.

    Ella se explayó: 

    ㅡTú. ㅡLo observó de arriba abajo. ㅡTal vez al Príncipe le gusten los “hombres”, no estos niños busanians pintados que chillan si se les pellizca. ㅡSu tono sugería que ella aprobaba la preferencia por propia naturaleza.

    ㅡHyeonU ㅡrecordó Tae, ya que estaban hablando de chicos busanians pintados ㅡ. Estaba buscando a HyeonU. ¿Lo has visto?

    Yun señaló: 

    ㅡAllá.

    Al otro lado de la sala, este había reaparecido. Hablaba al oído de Sook, que tenía que doblarse casi a la mitad para alcanzar el nivel del pequeño. Cuando terminó, HyeonU enfrentó a Tae. 

    ㅡ¿El Príncipe te envió? Llegas demasiado tarde ㅡadvirtió el niño.

    «¿Demasiado tarde para qué?»,  sería la réplica que hubiese hecho ante cualquier Corte excepto esta.

    ㅡSi le has hecho daño a cualquiera de ellos… 

    ㅡ¿Qué harás? ㅡEstaba sonriendo. ㅡNo harás nada. No tienes tiempo. El Regente quiere verte. Me envió a avisarte. Deberías apresurarte. Estás haciéndolo esperar. ㅡ Otra sonrisa. ㅡMe envió hace siglos.

    Tae lo miró fijamente.

    ㅡ¿Y bien? Ve ㅡcontinuó.

    Posiblemente fuera una mentira, pero él no podía arriesgarse a cometer una ofensa si no lo era. Así que allá fue.

    No era mentira. El Regente lo había convocado; cuando llegó, despidió a todos los que le rodeaban, por lo que Tae se quedó solo junto a su silla, en un rincón de la antecámara tenuemente iluminada; era una audiencia privada.

    A su alrededor, henchida de comida y vino, el ruido de la Corte se sentía cordial y relajado. Tae le dedicó todas las cortesías que el protocolo exigía. El Regente habló.

    ㅡSupongo que  un esclavo se excitará ante la perspectiva de saquear los tesoros de un Príncipe. ¿Has tomado a mi sobrino? 

    Tae permaneció muy quieto;  trató de ni siquiera perturbar el aire al respirar. 

    ㅡNo, Alteza.

    ㅡAl contrario, tal vez.

    ㅡNo.

    ㅡSin embargo, comiste de su mano. La última vez que hablé contigo, deseabas  que lo azotaran. ¿Cómo puedes explicar el cambio?

    «No te gustará mi réplica», JiMin le había advertido.

    Tae contestó cuidadosamente.

     ㅡEstoy a su servicio. Tengo esa lección grabada en mi espalda.   

    El Regente lo miró fijamente durante un rato. 

    ㅡEstoy casi desilusionado, si no más que eso. JiMin podría beneficiarse de una influencia estabilizadora, alguien cercano a él que cuidara sus mejores intereses de corazón. Un hombre de buen juicio  podría ayudar a guiarlo sin ser dominado.

    ㅡ¿Dominado?

    ㅡMi sobrino es encantador cuando lo desea. Su hermano era un verdadero líder que podía inspirar extraordinaria lealtad en sus hombres. JiMin posee una versión superficial de los dones de su hermano que utiliza para salirse con la suya. Si hay alguien que pueda tener a un hombre  comiendo de su mano luego de haberlo mandado a azotar, ese es mi sobrino ㅡconcluyó el Regenteㅡ. ¿Dónde está tu lealtad?

    Y Tae comprendió que no era una pregunta. Se le estaba dando una elección. 

    Quería desesperadamente atravesar el abismo que separaba a las dos facciones de la Corte: del otro lado estaba este hombre que hacía tiempo se había ganado su respeto. Fue doloroso para él darse cuenta de que no estaba en su naturaleza hacerlo, no mientras JiMin estuviera actuando en su beneficio. «Si es que JiMin estaba actuando en su beneficio...» Aunque este lo estuviera haciendo, tenía muy poco estómago para sacar partido del juego que se estaba jugando aquella noche. Y, aun así.

    ㅡYo no soy el hombre que buscáis ㅡdecidióㅡ. No tengo influencia sobre él. No soy cercano a él. No siente ningún aprecio por Daegu o su gente.

    El Regente  le dio otra larga, considerada mirada.

    ㅡEres honesto. Eso es agradable. En cuanto al resto, veremos. Eso es todo por  ahora ㅡconcluyó el hombre mayorㅡ. Ve y tráeme a mi sobrino. Prefiero que no esté a solas con YeongSu.

    ㅡSí, Alteza.

    No estaba seguro de por qué sentía como un alivio, pero así era.

    Algunas pocas preguntas a los otros sirvientes y Tae averiguó que JiMin y el embajador jinsunian se habían retirado una vez más a uno de los balcones, huyendo del gentío sofocante del interior del palacio.

    Al llegar a la terraza, Tae desaceleró. Podía oír el rumor de sus voces. Volvió a mirar hacia la atestada cámara de la Corte; estaba fuera de la vista del Regente. Si JiMin y YeongSu estaban discutiendo el acuerdo comercial, sería mejor esperar un poco para darles todo el tiempo extra que pudieran necesitar.

    ㅡ… dije a mis consejeros que estaba más allá de la edad de ser distraído por jóvenes hermosos ㅡoyó decir al jinsunian y de pronto fue evidentemente claro que no se trataba de negociaciones comerciales.

    Fue una sorpresa; pero, pensándolo bien, había sucedido durante toda la velada. Que un hombre de la honorable reputación de YeongSu eligiera a JiMin como el objeto de sus afectos era difícil de digerir, pero quizás sintiera admiración por las víboras. Su curiosidad floreció. Ningún otro tema había generado mayores especulaciones que este entre cortesanos y miembros de la Guardia del Príncipe por igual. Tae se detuvo y escuchó.

    ㅡY entonces os conocí ㅡconfesaba YeongSuㅡ y luego pasé una hora en vuestra compañía.

    ㅡMás de una hora ㅡcorrigió JiMinㅡ. Menos que un día. Creo que os distraéis más fácilmente de lo que admitís.

    ㅡ¿Y tú… no?

    Hubo una ligera pausa en el ritmo de su conversación.

    ㅡTú... has estado escuchando los chismes.

    ㅡ¿Es eso cierto, entonces?

    ㅡ¿Qué no soy… cortejado con facilidad? No puede ser lo peor que hayas oído de mí.

    ㅡDe lejos lo peor, desde mi punto de vista.

    Fue dicho cálidamente, y se ganó un soplo de diversión insustancial por parte de JiMin.

    La voz de YeongSu cambió, como si se hubieran acercado más. 

    ㅡHe oído muchos chismes acerca de ti, pero juzgo como me parece.

     Fue provocado con la misma voz íntima.

    ㅡ¿Y cuál es el veredicto?

    Tae dio un paso adelante con determinación.

    Al oírlo, YeongSu se sobresaltó y se volvió en redondo; en Jinju, los asuntos del corazón, o del cuerpo, eran generalmente privados. JiMin, elegantemente se reclinó contra la balaustrada sin reaccionar en absoluto, excepto para cambiar la mirada en dirección a su mascota. Realmente estaban de pie muy cerca el uno del otro. Sin embargo, no lo suficientemente cerca como para besarse.

    ㅡAlteza, vuestro tío me ha enviado por Vos ㅡinformó Tae.

    ㅡUna vez más ㅡdijo YeongSu mientras una arruga aparecía en medio de su frente.

    JiMin se separó. 

    ㅡEs sobreprotector ㅡexplicó. El ceño fruncido desapareció cuando la mirada de YeongSu se volvió hacia el busanian.

    ㅡTe has tomado tu tiempo ㅡJiMin murmuró al pasar junto a Tae.

    Se quedó solo con YeongSu. Se estaba tranquilo aquí en el balcón. Los sonidos de la Corte sonaban apagados, como si fueran muy distantes. Más fuerte e íntimo era el murmullo de los insectos sobre la tierra de los jardines, y del lento balanceo de la vegetación. En cierto momento Tae recordó que supuestamente debía bajar la vista.

    La atención de YeongSu estaba en otra parte.

    ㅡEs un premio ㅡconfesó YeongSu cálidamenteㅡ. Apuesto a que nunca pensaste que un príncipe podría estar celoso de un esclavo. En este momento me gustaría intercambiar lugares contigo en un instante.

    «No te das cuenta», pensó Tae. «No sabes nada de él. Lo conoces de una sola noche».

    ㅡCreo que el espectáculo comenzará en breve ㅡdijo Tae.

    ㅡSí, por supuesto. ㅡY siguieron a JiMin de regreso al salón.




    Tae, en su vida, había sido requerido para presenciar muchos espectáculos. En Busan la palabra "espectáculo"  había adquirido un nuevo significado. Cuando Sook se adelantó con una larga vara entre sus manos, Tae se preparó para el tipo de exhibición que haría que la delegación jinsunian se desmayara. En ese momento, Sook acercó cada uno de los extremos del palo a la antorcha en el soporte de pared, y estos empezaron a arder.

    Era una especie de “danza del fuego” en la que la vara era lanzada y vuelta a atrapar; donde las llamas, al agitarse y girarse, creaban formas sinuosas, círculos y patrones de movimiento. El cabello rojo de Sook se combinaba con las tonalidades corales y anaranjadas de las antorchas y ayudaba a crear una estética atractiva. E incluso sin el movimiento hipnótico de la llama, el baile era seductor; parecía realizar sin esfuerzo movimientos de gran dificultad, haciendo lucir su físico sutilmente sensual. Tae admitió que Sook se estaba ganando su respeto. Aquella actuación requería tanto entrenamiento, disciplina y plasticidad que lo llegó a admirar. Era la primera vez que veía a las mascotas busanians  mostrar otras habilidades aparte de exhibirse o trepar encima de alguien.

    El ambiente era relajado. Tae volvió a ser enganchado a la correa y, muy posiblemente, estaba siendo usado como chaperón. JiMin se movía de manera cuidadosa, tratando de manejar al difícil pretendiente con gentileza. El esclavo observaba con cierto regocijo como el otro sufría debido a sus intrigas. A pesar de la vigilancia del daeg, el sirviente de YeongSu trajo un melocotón y un cuchillo, luego cortó una rebanada según instrucciones de su amo y se la ofreció a JiMin, quien la aceptó con suavidad. Cuando terminó el bocado, el sirviente sacó un retazo de tela de la manga y lo ofreció para que JiMin limpiara sus dedos inmaculados. La tela era de seda transparente, ribeteada en hilo de oro. JiMin la devolvió arrugada. 

    ㅡEstoy disfrutando de la actuación ㅡTae no pudo resistirse a decir.

    ㅡEl sirviente de YeongSu es mejor proveedor que tú. ㅡFue todo lo que acotó JiMin.

    ㅡNo tengo mangas para llevar pañuelos dentro ㅡañadió Taeㅡ.

    Aunque no me importaría que me dieran un cuchillo.

    ㅡ¿O un tenedor?ㅡ preguntó JiMin. 

    Un rumor de aplausos y una pequeña agitación impidieron que respondiera. La danza del fuego había terminado y algo estaba pasando en el otro extremo de la habitación.

    Resistiéndose como un potro joven a las riendas, YeJun estaba siendo arrastrado hacia adelante por un supervisor busanian.

    Escuchó la voz aflautada de un muchacho.

     ㅡDado que os gustan tanto, pensé que podríamos ver la actuación de uno de los esclavos de Daegu.

    Era HyeonU, así que ese era el pequeño asunto del pendiente.

    YeongSu sacudió la cabeza,  concordando bastante. 

    ㅡJiMin ㅡcomenzóㅡ, habéis sido estafado por el Rey de Daegu. Ese no puede ser un esclavo del palacio. No tiene la estampa en absoluto. Ni siquiera puede quedarse quieto. Creo que BaekHyun solo vistió a sirvientes jóvenes y los envió. A pesar de que es bonito ㅡopinó YeongSu. Y luego, con una voz un poco diferente ㅡ. Muy bonito.

    Él era muy bonito. Era excepcional, incluso entre los esclavos escogidos para ser excepcionales, elegidos a dedo para estar al servicio de un príncipe. Excepto que se comportaba torpe y sin gracia, y no estaba mostrando ninguna señal de tener entrenamiento. Por fin se dejó caer de rodillas, pero parecía que estaba allí solo porque sus miembros se habían paralizado, con las manos apretadas como si tuviera calambres.

    ㅡBonito o no, yo no puedo tomar dos docenas de esclavos no entrenados de vuelta conmigo a Bazal. ㅡYeongSu dijo.

    Tae tomó a HyeonU por la muñeca. 

    ㅡ¿Qué has hecho?

    ㅡ¡Suéltame! Yo no he hecho nada ㅡdijo HyeonU. Se frotó la muñeca cuando Tae lo soltó mientras se dirigía a JiMin: ㅡ¿Le dejas hablar con sus superiores de esa manera?



    No a sus superiores ㅡdijo JiMin.

    HyeonU se ruborizó ante eso. Sook seguía dando vueltas perezosamente al palo de fuego. El parpadeo de las llamas arrojaba una luz anaranjada. El calor, cuando llegaba, era sorprendente. YeJun se había puesto blanco, como si fuera a vomitar delante de todos.

    ㅡDetened eso. ㅡ Tae le pidió a JiMinㅡ Es cruel. El chico sufrió quemaduras graves. Le teme al fuego.

    ㅡ¿Quemado? ㅡdijo YeongSu.

    HyeonU añadió rápidamente: 

    ㅡNo quemado, marcado. Tiene las cicatrices en la pierna. Son feas.

    YeongSu miraba a YeJun, cuyos ojos estaban brillantes y mostraban una especie de extática desesperanza. Sabiendo lo que el esclavo creía estar enfrentando, resultaba difícil de entender que estuviera arrodillado, esperando.

    YeongSu ordenó: 

    ㅡQue se apague el fuego.

    El repentino olor acre del humo ahogó los perfumes busanians. El fuego se había apagado. Convocado al frente, YeJun consiguió una ligera mejor postración, y pareció calmarse, aun en presencia de JiMin, lo cual tuvo poco sentido hasta que Tae recordó que él consideraba que JiMin era “amable”.

    YeongSu le hizo varias preguntas, las cuales fueron respondidas por

    YeJun en jinsunian, tímidamente, pero mejorando. Después de eso, los dedos del embajador de alguna manera encontraron el camino para descansar por un momento, de forma protectora, sobre la cima de la cabeza del esclavo. Más tarde, el embajador solicitó que YeJun se sentara a su lado durante las negociaciones comerciales.

    Después de aquello, el muchacho besó los pies del jinsunian, y a continuación, su tobillo; sus rizos rozaron el firme músculo de la pantorrilla del hombre mayor.

    Tae miró a JiMin, que se había limitado a dejar que todo aquello se desplegara ante él. Pudo apreciar a que se debía la transferencia de los afectos de YeongSu. Existía un superficial parecido entre el príncipe y el esclavo. La piel blanca y el cabello refulgente de YeJun era lo más parecido en la sala al dorado de JiMin y a su cutis marfileño. Pero el muchacho tenía algunas cosas que al Príncipe le faltaban: vulnerabilidad, necesidad de cuidar, y un anhelo de ser dominado que era casi palpable. En JiMin sólo existía una frialdad aristocrática; pero si la dignidad de su perfil atraía al ojo, Tae tenía cicatrices en la espalda para demostrar que se podía admirar, pero no tocar.

    ㅡ¡Vos habéis planeado esto! ㅡdijo HyeonU, con voz baja como un siseo ㅡQueríais que lo viera,  ¡me habéis engañado! ㅡEn el mismo tono de voz en que un amante podría haber dicho: “¡Cómo pudiste!” Excepto que había ira allí también. Y pesar.

    ㅡTuviste una opción ㅡdijo JiMinㅡ. No tenías que mostrarme tus garras.

    ㅡMe habéis engañado ㅡprotestó HyeonUㅡ. Le voy a decir… 

    Díselo ㅡcortó JiMinㅡ. Todo lo que he hecho, y cómo me ayudaste. ¿Cómo crees que va a reaccionar? ¿Y si lo averiguamos?  Vayamos juntos.

    HyeonU dio al Príncipe una mirada calculadora, exasperadamente repleta de despecho.

    ㅡOh, tú… suficiente ㅡañadió JiMinㅡ. Suficiente. Estás aprendiendo. No será tan fácil la próxima vez.

    ㅡOs lo prometo, no lo será ㅡaseguró el niño venenosamente y se fue sin, notó Tae, dar al vencedor su pendiente.




    Alimentada, saciada y entretenida, la Corte se dispersó; el Consejo y el Regente se sentaron y comenzaron las negociaciones. Cuando este pidió vino, fue Sook quien se lo sirvió. Y cuando terminó, el pelirrojo fue invitado a sentarse junto al Regente, lo que realizó de forma muy decorativa, con una expresión de complacencia en su rostro.

    Tae tuvo que sonreír. Supuso que no podía culpar a Sook por la ambición. Y no era un mal logro, para un chico de dieciocho años de edad. Había cortesanos en abundancia en su tierra natal que lo equipararían al logro de llenar la cama de un rey. Tanto más si se trataba de una situación que implicaba permanencia.

    Sook no fue el único que había conseguido lo que quería esa noche. JiMin había entregado todo lo que Tae le había pedido, con un esmerado moño de regalo. Todo ello en el espacio de un día. Si ponías todo lo demás a un lado, había que admirar su planificación y eficiencia.

    Si no ponías el resto a un lado, recordabas que se trataba de JiMin; y que había mentido y engañado con el fin de llevar aquello a cabo;  pensó en YeJun, arrastrado a una noche de horrores, y lo que implicaba para un adulto el engañar y utilizar a un niño que, a pesar de que se lo tenía firmemente merecido, no tenía más que trece años.

    ㅡYa está hecho ㅡinformó el Príncipe llegando junto a él.

    JiMin parecía, curiosamente, estar de buen ánimo. Apoyó el hombro casualmente contra la pared. Su voz no era exactamente cálida, pero tampoco era cortante como borde  de hielo pulido.

    ㅡHe dispuesto que YeongSu se reúna contigo más tarde para discutir el transporte de los esclavos. ¿Sabías que BaekHyun nos los envió sin ningún supervisor de Daegu?

    ㅡSupuse que el embajador y Vos tendríais otros planes ㅡEso solo le brotó.

    JiMin respondió:

     ㅡNo

    Tae se dio cuenta de que estaba presionando  los límites del buen humor del busanian. Por lo tanto, reconoció, no sin dificultad:

     No sé por qué habéis hecho nada de esto, pero creo que serán bien tratados en Bazal. Gracias.

    ㅡEstás permanentemente asqueado con nosotros, ¿no es así? ㅡ observó JiMin. Y entonces, antes de que Tae pudiera hablar: ㅡNo respondas a esa pregunta. Algo te hizo sonreír antes. ¿Qué fue?

    ㅡNo fue nada. Sook ㅡadmitió Taeㅡ. Finalmente encontró el patrocinio Real que estaba buscando.

    Tae siguió su mirada. Con calma apreció la forma en la que Sook se inclinaba para verter el vino, la manera en la que los dedos anulares del Regente se levantaron para trazar la línea de la mejilla de Sook.

    ㅡNo ㅡdijo JiMin, sin mucho interésㅡ. Eso solo lo hace para guardar las apariencias. Creo que no todas las prácticas de esta Corte se ganarían la aprobación de la delegación de YeongSu.

    ㅡ¿Qué queréis decir?

    JiMin alejó la mirada del Regente y la volvió a Tae, sus ojos azules no mostraban la hostilidad habitual, ni arrogancia, ni desprecio, pero sí algo que Tae no podía entender en absoluto.

    ㅡTe advertí sobre HyeonU porque no es la mascota del consejero BonHwa. ¿No has adivinado aún de quien es mascota? ㅡ preguntó JiMin, y luego continuó, cuando no hubo respuesta: ㅡSook es demasiado viejo para interesar a mi tío.


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