CAPÍTULO NUEVE | PC
5:42 p.m.
CAPÍTULO NUEVE
Fue llevado a ver a YeongSu temprano en la mañana, luego de una larga entrevista que tuvo con dos sirvientes jinsunian los cuales le sacaron todo cuanto conocía sobre esclavos. No había sabido cómo responder a algunas de las preguntas que le hicieron. Con otras se sintió más seguro: «¿Estaban entrenados según estándares jinsunian? ¿podrían confiar en que entretuvieran a los huéspedes? “Sí, tenían formación lingüística y conocían las costumbres de Jinju tanto como las de Vazk, aunque tal vez no entendieran los dialectos provinciales. Y, por supuesto, sabían todo lo que se necesitaba de Daegu e Goryeo. No de Busan”», se oyó decir a sí mismo. Nadie nunca se hubiera imaginado que podría haber un tratado o un intercambio.
Las habitaciones de YeongSu se parecían a las de JiMin, aunque más pequeñas. Este salió de la alcoba con el aspecto de haber descansado bien. Vestía solo pantalones y una bata. Esta cayó directamente hacia el suelo a ambos lados de su cuerpo, dejando al descubierto un pecho bien definido, ligeramente peludo.
A través de la arcada, Tae pudo ver una cabeza dorada y pálidas extremidades tumbadas en la cama. Solo por un momento recordó a YeongSu coqueteando con JiMin en el balcón, pero el cabello era rizado y de una tonalidad demasiado oscura.
ㅡEstá durmiendo ㅡinformó YeongSu.
Hablaba en voz baja, para no molestar a YeJun. Le señaló una mesa, donde ambos se sentaron. La túnica del jinsunian se asentó en pliegues de seda pesada.
ㅡNo hemos aún… ㅡ empezó YeongSu, y hubo un silencio. Tae se había acostumbrado tanto a la forma de hablar tan explícita de los busanians que esperó, en silencio, a que dijera lo que tenía la intención de decir. Le llevó un momento darse cuenta de que, para un jinsunian, ese silencio expresaba todo lo necesario. El embajador continuó: ㅡÉl es... muy dispuesto, pero sospecho que ha habido algún maltrato, no solo las marcas. Te traje aquí porque quería preguntarte por el alcance de ello. Me preocupa hacer algo sin darme cuenta... ㅡ Otro silencio. Los ojos del embajador eran oscuros. ㅡ Creo que ayudaría saber.
Tae pensó: «esto es Busan, no hay una delicada manera jinsunian para describir las cosas que pasan aquí».
ㅡEstaba siendo entrenado como esclavo personal para el Príncipe de Daegu ㅡexplicó Taeㅡ. Es probable que fuera virgen antes de llegar a Busan. Pero no después.
ㅡYa veo.
ㅡNo conozco el alcance de ello ㅡañadió.
ㅡNo es necesario decir más. Es como yo sospechaba ㅡconfirmó YeongSuㅡ. Bueno, te doy las gracias por tu sinceridad y por tu trabajo esta mañana. Entiendo que es costumbre dar a las mascotas un regalo después de “brindar un servicio”. ㅡ El jinsunian le dirigió una mirada evaluadora. ㅡ No te ves como del tipo para joyas.
Tae, sonrió un poco y dijo: ㅡNo. Gracias.
ㅡ¿Hay algo más que te pueda ofrecer?
Pensó en ello. Había algo que quería desesperadamente. Pero era peligroso preguntar. La veta de la mesa era oscura, solo el borde estaba tallado, el resto era una superficie plana lisa.
ㅡVos estuvisteis en Daegu. ¿Estuvisteis allí después de los funerales?
ㅡSí, eso es correcto.
ㅡ¿Qué pasó con el harén del Príncipe… después de su muerte?
ㅡSupongo que fue disuelto. He oído que sus esclavos personales cortaron sus propias gargantas por la pena. No sé nada más.
ㅡPor la pena ㅡ repitió Tae, recordando el sonido de las espadas y su propia sorpresa, la sorpresa que había significado el no comprender lo que estaba ocurriendo hasta que fue demasiado tarde.
ㅡBaekHyun se enfureció. El Guardián de los Esclavos Reales fue ejecutado por dejar que sucediera. Y algunos guardias.
Sí. Había advertido a DaeHee. BaekHyun querría borrar la evidencia de lo que había hecho. DaeHee, los guardias, quizás incluso la esclava rubia que le había atendido en los baños. Todos los que conocieran la verdad, sistemáticamente, habrían de ser asesinados.
Casi todos. Tae tomó aliento. Cada fibra de su cuerpo le dijo que no debía arriesgarse a preguntar, y sin embargo, no pudo evitarlo.
ㅡ¿Y ChaeYoung?
Pronunció su nombre como si la llamara, sin un título. YeongSu le miró especulativamente.
ㅡ¿La amante de BaekHyun? Estaba en buen estado de salud. El embarazo se estaba llevando a cabo sin incidentes... ¿No lo sabías? Lleva al niño de BaekHyun. Si habrá boda o no, todavía está en cuestión, pero sin duda será del interés de BaekHyun asegurar la sucesión. Todo parece indicar que va a presentar al niño como…
ㅡSu heredero ㅡconcluyó Tae.
Ese sería su precio. Recordó cada perfecto rizo de su cabello, como tortuosa seda. «Cierra esa puerta».
Miró al frente. Y de repente, se dio cuenta, por la forma en que el otro lo miraba, que se había entretenido con ese tema demasiado tiempo.
ㅡSabes ㅡdijo YeongSu lentamenteㅡ, te pareces un poco a BaekHyun.
Es algo en los ojos. En la forma de la cara. Cuanto más te miro…
«No».
ㅡ… más lo veo. ¿Alguna vez alguien…
«No».
ㅡ… lo notó antes? Estoy seguro de que JiMin podría…
ㅡNo ㅡcortó Taeㅡ. Yo…
Sonó demasiado enérgico, y demasiado urgente. El pulso le latía violentamente en el pecho, mientras era arrastrado de vuelta desde las imágenes de su hogar hacia aquella… decepcionante realidad. Sabía que lo único que se interponía entre él y el descubrimiento inmediato, era la audacia de lo que BaekHyun había hecho. Un hombre honrado como YeongSu nunca sospecharía ese tipo de descaro, esa ingeniosa perfidia.
ㅡPerdonadme. Quise deciros que… espero que no le digáis al Príncipe que creéis que me parezco a BaekHyun. No estaría contento con la comparación en absoluto. ㅡNo era una mentira. El cerebro de JiMin no tendría ningún problema en saltar de pista en pista hasta la respuesta. Estaba demasiado cerca de adivinar la verdad ya. ㅡNo siente amor por la familia Real de Daegu.
Debería haber dicho algo acerca de que estaba halagado de escuchar que existía tal semejanza, pero sabía que no sería capaz de que su boca formara esas palabras.
Por el momento, al menos, YeongSu se distrajo.
ㅡLos sentimientos de JiMin hacia Daegu son demasiado conocidos ㅡexplicó YeongSu con mirada de preocupaciónㅡ. He tratado de hablar con él al respecto. No me sorprende que quiera a esos esclavos lejos del palacio. Si yo fuera JiMin, sospecharía de cualquier regalo daeg. Con los conflictos surgiendo entre los kyroi, lo último que puede permitirse BaekHyun es un vecino hostil en su frontera Norte. El Regente está abierto a la amistad con Daegu, pero JiMin... sería en interés de BaekHyun mantenerlo fuera del trono.
Tratar de imaginar a BaekHyun conspirando contra el Heredero Busanian era como tratar de imaginar a un lobo conspirando contra una serpiente.
ㅡCreo que el Príncipe puede tener su propio interés ㅡ sugirió Tae secamente.
ㅡSí. Puede que tengas razón. Tiene una mente rara. ㅡYeongSu se levantó mientras hablaba, indicando que la entrevista había terminado. En ese mismo momento, Tae percibió señales de movimiento en la cama. ㅡ Estoy esperando renovar lazos con Busan después de su ascensión.
«Porque os ha hechizado», pensó Tae, «porque sois un soñador y no tenéis ni idea de su naturaleza».
ㅡPuedes decirle lo que dije si gustas. Oh, y dile que estoy deseando batirlo con la marca hoy ㅡdijo YeongSu con una sonrisa cuando Tae hizo su salida.
Tae, por suerte para su sentido de auto-preservación, no tuvo oportunidad de decirle a JiMin ninguna de esas cosas, puesto que fue conducido a cambiarse de ropa. Iba a salir para acompañar al Príncipe. No necesitaba preguntar “¿Acompañarlo dónde?” Era el último día de YeongSu, y este era bien conocido por disfrutar de la caza.
La verdadera caza deportiva se llevaba a cabo en Castillon, pero estaba demasiado lejos para ir por un día, y había algunas excursiones asequibles alrededor de las tierras ligeramente boscosas de Geumjeong. Por lo que, un poco indispuesta debido al vino de la noche previa, la mitad de la Corte se levantó a media mañana y se trasladó al exterior.
Tae fue transportado, ridículamente, en una litera, del mismo modo que lo fue YeJun y algunas de las otras gráciles mascotas. No estaban allí para participar, sino para asistir a sus amos después de que el ejercicio hubiera acabado. Tae y YeJun tenían como destino la tienda Real. Hasta que la delegación de Jinju partiera, el primero no podría intentar escapar. Ni siquiera podría aprovechar el paseo para espiar la ciudad de Geumjeong y sus alrededores. La litera estaba cubierta. Tenía una muy buena vista de una sucesión de figuras copulando, tales eran las escenas bordadas en la parte interna de la cobertura de seda.
La nobleza estaba cazando jabalíes, o lo que los busanians llamaban “sanglier”, una especie del Norte que era más grande, con los colmillos más largos en el macho. Una desfile de sirvientes, desde antes del amanecer, o tal vez incluso trabajando durante la noche, habían transportado toda la opulencia del palacio al exterior, levantando tiendas de campaña ricamente coloreadas y cubiertas de banderines y pendones. Había una gran cantidad de refrescos que eran servidos por atractivos pajes. Los caballos estaban decorados con lazos, y las sillas de montar, con incrustaciones de piedras preciosas. Esta era una cacería con todos los cueros exquisitamente pulidos, cada almohada mullida y todas las necesidades satisfechas. Pero a pesar de todo el lujo, todavía era un deporte peligroso. Un jabalí era más inteligente que un ciervo o, incluso, que una liebre, que correría hasta escaparse o ser superado. Un jabalí, temible, furioso y agresivo, de vez en cuando se volteaba y luchaba.
Llegaron, descansaron, almorzaron. La recepción estaba montada. Los exploradores se dispersaron. Para sorpresa de Tae, había una o dos mascotas entre los jinetes pululando alrededor; vio a Yun en un caballo junto a EunJi; y montando muy pulcramente sobre un ruano bastante rojizo estaba Sook, acompañando a su amo Choi.
Dentro de la tienda, no había ningún indicio de HyeonU. El Regente montaba, pero su niño mascota había sido dejado atrás.
Las palabras de JiMin la noche anterior habían sido una sorpresa. Era difícil conciliar lo que ahora sabía con el carácter y el porte del hombre. El Regente no daba señales de sus… gustos. Tae casi podría haber pensado que JiMin estaba mintiendo. Salvo que se veía en todos los aspectos del comportamiento de HyeonU, que era verdad. ¿Quién si no la mascota del Regente se comportaría tan descaradamente como ese niño lo hacía en compañía de príncipes?
Teniendo en cuenta las lealtades de HyeonU, era extraño que JiMin aparentara sentirse atraído por él; le parecía extraño, incluso para alguien inusual como él, pero ¿quién sabía lo que pasaba en esa laberíntica mente?
No había nada que hacer más que observar mientras los jinetes montaban y esperaban la primera señal del juego. Tae se acercó a la entrada de la tienda y se asomó.
La partida de cazadores iluminada por el sol se extendía por la colina, con sus joyas y pulidos cueros parpadeando. Los dos príncipes montaban uno al lado del otro, cerca de la tienda. YeongSu parecía poderoso y competente. JiMin, vestido para la caza, cubierto de cuero negro, presentaba un aspecto aún más austero de lo habitual. Montaba una yegua baya. Era una hermosa montura, de proporciones perfectamente equilibradas y caderas largas hechas para la caza, pero era rebelde y difícil, ya cubierta por una fina y perlada capa de sudor. Cedió ante JiMin, quien la controlaba bajo una ligera rienda; era una oportunidad para mostrar su prestancia, la cual era excelente. Pero era una exhibición sin sentido. La caza, como el arte de la guerra, requería fuerza, resistencia y habilidad con un arma. Pero más importante que esas tres cualidades, requería un caballo tranquilo.
Los perros trenzaban su camino entre las patas de los caballos. Habían sido entrenados para estar cómodos con los animales grandes; adiestrados para ignorar a las liebres, los zorros y los ciervos; y no concentrarse en otra cosa más que en los sanglier.
La yegua inquieta de JiMin comenzó a agitarse otra vez; el jinete se inclinó hacia delante en la silla, murmurándole algo mientras le acariciaba el cuello con un gesto extrañamente suave, para tranquilizarla. Luego miró a Tae.
Era un desperdicio de la naturaleza haber conferido aquella buena apariencia a un ser cuyo carácter era tan desagradable. La piel blanca de JiMin y sus ojos azules eran una combinación rara en Jinju, más rara aún en Daegu y una debilidad en particular para Tae. El cabello color oro lo empeoraba.
ㅡ¿No os podéis permitir un buen caballo? ㅡmencionó Tae.
ㅡIntentad seguirme ㅡdijo JiMin.
Se lo dijo a YeongSu después de una fría mirada hacia Tae. Un roce de sus talones y su montura se movió como si fuera parte de él. El jinsunian, que estaba sonriendo, lo siguió.
A lo lejos, un cuerno sonó, anunciando el juego. Los jinetes espolearon sus monturas y todo el grupo partió hacia el sonido del cuerno. Los cascos tronaron tras el ladrido de los perros. El terreno estaba solo ligeramente arbolado, con follaje disperso aquí y allá. Una gran tropilla a medio galope. Tenía una vista clara de los perros y los jinetes delanteros acercándose a una zona más boscosa. El jabalí estaría en algún lugar bajo aquella cubierta. No pasó mucho tiempo antes de que el grupo estuviera fuera de la vista, atravesando los árboles, sobre la cresta de la colina.
Dentro de la tienda Real, los sirvientes estaban retirando lo último del almuerzo, el cual habían devorado reclinados sobre los cojines esparcidos, con el ocasional vagabundeo de algún perro, que era expulsado, de buen humor, fuera de la tienda.
YeJun era como un adorno exótico, sumisamente arrodillado sobre un cojín del color de las manzanas amarillas. Había hecho un trabajo muy discreto al servir a YeongSu durante el almuerzo, y luego, al arreglar su traje de montar. Llevaba una túnica corta de estilo jinsunian que exponía sus brazos y piernas, sin embargo, era lo suficientemente larga como para cubrir sus cicatrices. De regreso en el interior de la tienda, Tae no miró a ningún otro lugar.
YeJun miró hacia abajo y trató de no sonreír; en su lugar se sonrojó, lenta y delicadamente.
ㅡHola ㅡsaludó Tae.
ㅡSé que has arreglado esto de alguna manera ㅡdijo YeJun. Era incapaz de ocultar aquello que sentía, y parecía resplandecer levemente de felicidad avergonzada ㅡ. Mantuviste tu promesa. Tú y tu amo. Te dije que era amable.
ㅡLo dijiste ㅡconfirmó Tae.
Se alegró de ver a YeJun feliz. Lo que sea que creyera de JiMin, Tae no iba a disuadirlo.
ㅡEs incluso mejor en persona. ¿Sabes que vino y habló conmigo? ㅡ le confió el joven eslavo.
ㅡ… ¿lo hizo? ㅡpreguntó el otro. Era algo que no podía imaginar.
ㅡMe preguntó por... lo que ocurrió en los jardines. Luego me advirtió. Sobre la pasada noche.
ㅡTe advirtió ㅡrepitió Tae.
ㅡDijo que HyeonU me haría actuar ante la Corte y que sería horrible, pero que si era valiente, algo bueno podría venir al final de ello. ㅡ YeJun miró a su interlocutor con curiosidad. ㅡ¿Por qué pareces sorprendido?
ㅡNo lo sé. No debería estarlo. Le gusta planear las cosas de antemano ㅡdijo Tae.
ㅡNo habría sabido siquiera de alguien como yo si tú no le hubieras pedido que me ayudara ㅡindicó el esclavoㅡ. Es un príncipe, su vida es muy importante, mucha gente debe querer que haga cosas por ellos. Me alegro de tener esta oportunidad para darte las gracias. Si hay una manera de recompensártelo, la encontraré. Juro que lo haré.
ㅡNo hay necesidad. Tu felicidad es pago suficiente.
ㅡ¿Y qué hay de ti? ㅡle preguntóㅡ ¿No quieres estar solo, por tu cuenta?
ㅡTengo un amo amable ㅡdijo Tae.
Las palabras le salieron bastante bien, considerando todas las cosas.
YeJun se mordió el labio, y los rizos dorados le cayeron sobre la frente.
ㅡ¿Estás enamorado de él?
ㅡNo exactamente ㅡrespondió Tae.
Hubo un momento de silencio. Fue YeJun quien lo rompió.
ㅡA mí... siempre me enseñaron que el deber de un esclavo es sagrado, que debíamos honrar a nuestros amos a través de la sumisión y ellos nos honrarían a cambio. Y yo creí en eso. Pero cuando dijiste que te enviaron aquí como castigo, entendí que para los hombres de este lugar no hay honor en la obediencia y es vergonzoso ser esclavo. Tal vez ya había empezado a entender eso, incluso antes de que me hablaras. Traté de decirme a mí mismo que era una sumisión aún más grande convertirse en nada, no tener ningún valor, pero no podía… Creo que la sumisión está en mi naturaleza, como no lo está en la tuya, pero necesito a alguien… a quien pertenecer.
ㅡTienes a alguien ㅡindicó Taeㅡ. Los esclavos son apreciados en Jinju, y YeongSu está loco por ti.
Me gusta ㅡconfesó YeJun tímidamente, sonrojándoseㅡ. Me gustan sus ojos. Creo que es guapo. ㅡY luego se sonrojó de nuevo ante su propia audacia.
ㅡ¿Más guapo que el Príncipe de Daegu? ㅡTae bromeó.
ㅡBueno, nunca lo vi, pero realmente no creo que pudiera ser más guapo que mi Señor ㅡdijo YeJun.
ㅡYeongSu no te diría esto él mismo, pero es un gran hombre ㅡle informó Tae sonriendoㅡ. Incluso entre los príncipes. Pasó la mayor parte de su vida en el Norte, luchando en la frontera con Vask. Él fue quien finalmente acordó la paz entre Vask y Jinju. Es el más leal sirviente del rey YeoSang, además de su hermano.
ㅡOtro reino... en Daegu, ninguno de nosotros pensó que dejaríamos el palacio.
ㅡSiento que tengas que ser desarraigado de nuevo. Pero no va a ser como la última vez. Puedes entusiasmarte con este viaje.
ㅡSí. Eso es… Yo... tendré un poco de miedo, pero seré muy obediente ㅡdijo YeJun. Y se sonrojó de nuevo.
Los primeros en regresar fueron los cazadores de a pie y los guías caninos de la primera cuadrilla, que traían a un grupo de perros exhaustos, luego de haber liberado una segunda jauría fresca al frente de los jinetes cuando estos se lanzaron más adelante. Sobre los guías también recayó el trabajo de acabar con los perros que habían sido heridos, sin posibilidad de recuperación, por los colmillos afilados del jabalí.
Existía una extraña atmósfera entre ellos, no era solo la pesada fatiga, la lengua colgando de los perros. Era algo en los rostros de los hombres. Tae percibió un toque de inquietud. La cacería de jabalíes era un deporte peligroso. En el umbral de la tienda, llamó a uno de ellos.
ㅡ¿Sucedió algo?
El guía canino explicó:
ㅡVe con pies de plomo. Tu señor está de un humor feroz.
«Bueno, las cosas vuelven a su cauce».
ㅡDéjame adivinar. Alguien más derribó al jabalí.
ㅡNo. Él lo hizo ㅡinformó el perrero con un dejo amargo en la vozㅡ. Destrozó a su yegua para lograrlo… ella nunca tuvo una oportunidad. Incluso antes de que la guiara a la lucha que destrozó su tobillo trasero, ella ya tenía sangre desde el flanco hasta el hombro debido a las espuelas. ㅡSeñaló con el mentón la espalda de Tae. ㅡTú ya sabrás algo al respecto ㅡconcluyó.
Tae lo miró fijamente, sintiéndose repentinamente débil y asqueado.
ㅡElla era una guerrera con experiencia ㅡcontinuóㅡ. El otro, el príncipe JeonGguk, era excelente con los caballos, ayudó a domarla cuando era potranca.
Estaba tan cerca como cualquier persona de su posición podría estarlo, de criticar a un príncipe.
Uno de los otros hombres, al verlos, se acercó un momento más tarde.
ㅡNo le prestes atención a Jean. Está de muy mal humor. Él fue quien tuvo que meterle el cuchillo a través de la garganta a la yegua y dejarla en el suelo. El Príncipe le echó la bronca por no haberlo hecho lo suficientemente rápido.
Cuando los jinetes regresaron, JiMin montaba un caballo castrado, gris y musculoso, lo que significaba que en algún lugar entre el grupo de cazadores había un par de cortesanos que cabalgaban compartiendo.
El Regente fue el primero en entrar a la tienda; quitándose los guantes de montar, entregó el arma a un sirviente.
Afuera, hubo aullidos repentinos; el jabalí habría llegado y, probablemente, estaba siendo destripado; la piel del vientre siendo abierta y todos los órganos internos arrancados, entregando los despojos a los perros.
ㅡSobrino ㅡempezó el Regente.
JiMin llegó con suave gracia a la tienda. Había una aséptica ausencia de expresión en sus helados ojos azules y fue muy claro que la descripción de “humor feroz” se quedaba corta.
El Regente le dijo:
ㅡTu hermano nunca tuvo ninguna dificultad para dar en el blanco sin sacrificar a su caballo. Pero no vamos a hablar de eso.
ㅡ¿De verdad? ㅡmasculló JiMin.
ㅡHyeonU me dijo que habéis influenciado a YeongSu en la negociación de los esclavos. ¿Por qué hacerlo en secreto? ㅡobservó el Regente. Su mirada seguía a JiMin lenta y pensativamenteㅡ. Supongo que la pregunta real es ¿qué os motivó a hacerlo?
ㅡPensé que era terriblemente injusto de vuestra parte ㅡexpuso JiMin arrastrando las palabrasㅡ quemar la piel de esos esclavos cuando no me habéis permitido despellejar al mío aunque fuera un poco.
Tae sintió que todo su aliento abandonó su cuerpo.
La expresión del Regente cambió.
ㅡVeo que no podéis evitar la ironía. No voy a satisfacer tu estado de ánimo actual. La petulancia es fea en un niño y peor en un hombre. Si rompes tus juguetes, no es culpa de nadie, solo tuya.
El Regente se fue atravesando la abertura formada con los faldones de la tienda que se mantenían plegados con cuerdas de seda roja. Desde fuera se oyeron voces, el crujir de los enseres de cuero y todo el entorno bullicioso de una partida de cazadores; lo más cercano era el sonido de los lienzos de la tienda aleteando al viento. Los ojos azules de JiMin estaban fijos en él.
ㅡ¿Algo que decir? ㅡdijo JiMin.
ㅡOí que mataste a tu caballo.
ㅡEs solo un caballo ㅡseñaló ㅡ. Haré que mi tío me compre uno nuevo.
Esas crueles palabras parecieron divertirle; había un particular borde áspero en su voz. Tae pensó, mañana por la mañana se va YeongSu, y otra vez seré libre para intentar escapar de este lugar deprimente y traicionero, tan pronto como pueda.
La oportunidad llegó dos noches después, aunque no de una manera que hubiera previsto.
Estaba despierto en la oscuridad de la noche con las antorchas resplandeciendo, cuando las puertas de su cuarto se abrieron de golpe. Supuso que sería JiMin (cuando se trataba de visitas nocturnas y despertares bruscos, siempre era JiMin). Sin embargo, eran solamente dos hombres de uniforme, llevaban la librea del Príncipe. No reconoció a ninguno de ellos.
ㅡHas sido llamado ㅡinformó uno, soltando la cadena del suelo y dando un tirón.
ㅡ¿Llamado adónde?
ㅡEl Príncipe ㅡaclaró el otroㅡ te quiere en su cama.
ㅡ¿Qué? ㅡexclamó Tae, parándose en seco, por lo que la cadena se tensó.
Sintió un fuerte empellón en la espalda.
ㅡMuévete. No quiero hacerle esperar.
ㅡPero… ㅡ Clavó sus talones después del empujón.
ㅡMuévelo.
Dio un paso hacia adelante, resistiéndose aún. Otro más. Iba a ser un viaje lento.
El hombre detrás de él juró.
ㅡLa mitad de la guardia está caliente por joderlo. Pensé que estarías más feliz con la idea.
ㅡEl príncipe no quiere que yo lo folle ㅡindicó Tae.
ㅡPodrías meneárselaㅡ le dijo el hombre a sus espaldas, y sintió el pinchazo de la punta de un cuchillo detrás de él, por lo que se dejó llevar fuera de la habitación.




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