CAPÍTULO CINCO | PC

4:43 p.m.



CAPÍTULO CINCO







Había sido demasiado ambicioso por parte de JiMin el pensar que podría librarse, sencilla y discretamente, de un encuentro con la Corte cuando su propia censura era el meollo de la cuestión.

Tae, sujeto al extremo de la correa, observaba cómo el avance de JiMin era detenido una y otra vez por aquellos que deseaban compadecerse. Había una multitud de seda,  batista, y adulación. Para el esclavo, aquello no era un alivio, solo una demora. Percibía en todo momento la tracción de JiMin en la correa, como una promesa. Sentía una tensión que no era miedo. En otras circunstancias, sin guardias o testigos, él podría haber gozado de la oportunidad de estar a solas en una habitación con JiMin.

El Príncipe Heredero era verdaderamente bueno con la palabra. Aceptó las condolencias con gracia. Sostuvo su postura racionalmente. Detuvo el flujo de la conversación cuando se hizo peligrosamente acusador hacia su tío. No dijo nada que pudiera ser tomado como un abierto desaire al Regente. Sin embargo, a nadie que hablara con él le quedaría ninguna duda de que su tío se había comportado, en el mejor de los casos, de manera errónea, y en el peor, de forma desleal.

Pero incluso para Tae, que no poseía un gran conocimiento sobre los manejos políticos de aquella Corte, había sido significativo que los cinco consejeros hubieran acompañado al Regente. Era una señal de poder comparativo: tenía el apoyo total del Consejo. A la facción de JiMin, abandonada allí, mientras se quejaba, en la sala de audiencias, no le agradó. No tenía que gustarles. No podían hacer nada al respecto.

Aquel era, en consecuencia, el momento de que JiMin apuntalara el apoyo recibido de la mejor manera posible, y no de desaparecer en algún lugar para un “tête-à-tête” privado con su esclavo.

Y, sin embargo, a pesar de todo, salió de la sala de audiencias atravesando una serie de patios interiores lo suficientemente amplios como para contener árboles, parterres geométricos, fuentes y senderos serpenteantes. Al otro lado del jardín, podían verse los destellos del agasajo que continuaba; los árboles se movían y las luces de la gala parpadeaban, brillantes.

No estaban solos. Por detrás, a una discreta distancia, los seguían los dos guardias que protegían al Príncipe. Como siempre. Ni siquiera el propio jardín estaba vacío. Ocasionalmente, pasaban parejas vagando por los senderos; en una ocasión, Tae vio a un cortesano con una mascota, enroscándose el uno contra el otro sobre un banco, en un sensual beso.

JiMin lo llevó hasta una glorieta enrejada con enredaderas. A un lado había una fuente y un largo estanque con lirios enmarañados. Ató la correa al metal  de la glorieta, como si enlazara la correa de un caballo a un poste. Tuvo que estar muy cerca de Tae para hacerlo, pero no dio ninguna señal de estar  inquieto por la proximidad. La atadura no era más que una humillación. Al no ser un animal estúpido, el esclavo era perfectamente capaz de desatarla. Lo que lo mantenía en su lugar no era la fina cadena de oro hábilmente colocada alrededor de la correa, era el guardia uniformado, y la presencia de la mitad de la Corte, además de un gran número de hombres, entre él y la libertad.

JiMin se alejó unos pasos. Tae lo vio llevar la mano a la parte posterior de su cuello, como para liberar la tensión. Durante un momento, no hizo nada más que quedarse de pie, quieto y respirando el aire fresco perfumado con las flores nocturnas. Por primera vez, Tae tuvo el pensamiento de que JiMin podría tener sus propias razones para desear escapar del ojo de la Corte. 

La tensión se elevó, emergiendo, cuando JiMin se volvió hacia él.

ㅡNo tienes un muy buen sentido de la autopreservación, ¿verdad, “pequeña mascota”? Lamentarte con mi tío fue un error ㅡdijo JiMin.

ㅡ¿Debido a que habéis conseguido una bofetada? ㅡreplicó Tae.

ㅡDebido a que vas a enfurecer a todos esos guardias con los que te has molestado en cultivar amistad ㅡrespondió JiMinㅡ. Tienden a rechazar a los sirvientes que ponen el interés propio por encima de la lealtad. 

Al esperarse un asalto directo, lo tomó desprevenido el que vino de soslayo, desde un costado. Apretó la mandíbula y dejó que su mirada examinara de arriba a abajo la figura de JiMin.

ㅡNo podéis tocar a vuestro tío, por lo que lo atacáis dónde os sea posible. No os tengo miedo. Si vais a perpetrar algo contra mi persona, hacedlo.

ㅡ“Pobre animal perdido” ㅡsoltó JiMinㅡ. ¿Qué te hizo pensar que vine aquí por ti?

Tae parpadeó.

ㅡPues, por otra parte ㅡcontinuóㅡ tal vez te necesite para una cosa. ㅡ Enrolló la fina cadena una vez alrededor de sus muñecas, y luego, con un tirón brusco, la rompió. Los dos extremos se deslizaron fuera de sus manos y cayeron, colgando. JiMin dio un paso hacia atrás. Tae miró la cadena rota con confusión.

ㅡAlteza. ㅡSe escuchó una voz.

JiMin dijo: 

ㅡConsejero Shin.

ㅡGracias por acceder a reuniros conmigo ㅡcomenzó Shin.

Entonces vio a Tae y vacilóㅡ. Perdón. Yo... supuse que vendríais solo.

ㅡ¿Perdonaros? ㅡdijo JiMin.

El silencio se elevó en torno a las palabras del Sucesor. En él, su significado cambió. Shin comenzó:

ㅡYo… ㅡLuego observó a Tae, y su expresión manifestó alarma.

ㅡ¿Es esto seguro? Ha roto su correa. ¡Guardias!

Se oyó el ruido estridente de una espada saliendo de una vaina. Dos espadas. Los guardias se abrieron paso por la glorieta y se interpusieron entre Tae y Shin. Por supuesto.

ㅡLo habéis dejado claro ㅡconcluyó Shin, con un ojo cauteloso sobre Taeㅡ. No había visto el lado rebelde de vuestro esclavo. Parecía tenerlo bajo control en la arena. Y los esclavos obsequiados a vuestro tío son tan obedientes. Si asistierais a los espectáculos más tarde, lo veríais por Vos mismo.

ㅡLos he visto ㅡcortó JiMin. Hubo un poco más de silencio.

ㅡ¿Sabéis lo cercano que era a vuestro padre? ㅡdijo Herodeㅡ Desde su muerte, he brindado una lealtad inquebrantable a vuestro tío. Me preocupa que en este caso pueda haberme llevado a cometer un error…

ㅡSi estáis preocupado de que dentro de diez meses siga recordando los agravios cometidos contra mí ㅡdijo JiMinㅡ, no hay necesidad de tal inquietud. Estoy seguro de que me podréis convencer de que habéis obrado fruto de una real  confusión. 

Shin indicó: 

ㅡTal vez podamos dar una vuelta por el jardín. El esclavo puede aprovechar la silla y descansar de sus heridas.

ㅡQué considerado de vuestra parte, consejero ㅡmusitó JiMin. Se volvió a Tae, añadiendo con dulce voz: ㅡ Tu espalda debe dolerte terriblemente.

ㅡEstá bien ㅡsoltó Tae

ㅡArrodíllate en el suelo, entonces ㅡdijo JiMin.

Un fuerte apretón en su hombro lo obligó a bajar; tan pronto como las rodillas de Tae chocaron contra el suelo, una espada fue apoyada en su garganta para disuadirlo de levantarse. Shin y JiMin desaparecieron juntos, solo una pareja más, vagando por los senderos de los jardines perfumados.

El jolgorio del otro lado comenzó a extenderse hacia el jardín y, de manera constante, sus ocupantes fueron aumentando; se colgaron linternas, y los sirvientes comenzaron a deambular con refrescos. El lugar donde Tae estaba arrodillado quedaba convenientemente fuera del camino, pero de vez en cuando, los cortesanos pasaban, y murmuraban sobre él: «Mira, ahí está el esclavo bárbaro del Príncipe».

La frustración se encrespaba sobre él como un latigazo. Fue nuevamente atado. El  guardia era menos indiferente a restringirlo que JiMin. Estaba encadenado a la glorieta de metal por el cuello, y esta vez se trataba de una cadena real, no de algo que pudiera romperse.

«Pequeña mascota», pensó Tae con asco. Del intercambio tenso de Shin con JiMin, tomó la única pieza sobresaliente de información.

En algún lugar en el interior, no muy lejos de ahí, estaban los otros esclavos daegs.

La preocupación de Tae volvió a ellos. El desvelo por su bienestar persistió, pero su proximidad planteaba preguntas perturbadoras. ¿Cuál era el origen de esos esclavos? ¿Eran esclavos de palacio, entrenados por DaeHee y traídos al igual que Tae, directamente de la capital? Mantenido en confinamiento solitario a bordo del barco, Tae aún no había visto a los otros esclavos, ni ellos lo habían visto a él. Pero si eran esclavos de palacio, escogidos entre lo mejor de aquellos que servían a la realeza en Daegu, existía la posibilidad de que pudieran reconocerle.

En el tranquilo desenvolvimiento del patio, oyó el suave tintinear de pequeñas campanillas.

Encadenado en un sector oscuro del jardín, apartado de las diversiones cortesanas, fue pura mala suerte que uno de los esclavos fuera acarreado hasta él.

Estaba en el extremo de una correa, conducido por una mascota busanian. El esclavo llevaba puesta una versión más humilde del collar dorado de Tae y puños en las muñecas. La mascota era la fuente de las campanillas. Tenía un cascabel en su garganta, como un gato. Llevaba puesta una gran cantidad de pintura. Y le resultaba conocido.

Era la mascota del consejero BonHwa, el niño.

Tae tristemente supuso que para aquellos sensibles a los niños pequeños, esa mascota probablemente tendría encanto en abundancia. Debajo de la pátina, tenía la magnífica piel clara de un niño. Si tales rasgos los poseyera una niña de la misma edad, estos serían garantía, en seis años más, de una jovencita increíblemente bella. Una aprendida gracia disfrazó, en su mayor parte, las limitadas extremidades de un niño de baja estatura. Como Tae, tenía piedras preciosas tejidas en el cabello, aunque en su caso fueran pequeñas perlas brillando como estrellas entre una confusión de rizos castaños. Su característica más bella era un par de increíbles ojos azules, incomparable a cualquier otro que Tae hubiera visto en su vida, a excepción de aquellos que habían estado mirándolo recientemente.

Los hermosos labios del muchacho formaron el gesto de un beso, y escupió, directamente al rostro de Tae.

ㅡMi nombre es HyeonU ㅡdijoㅡ. No eres lo suficientemente importante como para rechazarme. A tu amo le quitaron todas sus tierras y dinero. Incluso si no lo hubieran hecho, eres un esclavo. El Regente me mandó a buscar al Príncipe. ¿Dónde está?

ㅡVolvió a la sala de audiencias ㅡdijo Tae. Decir que HyeonU lo tomó por sorpresa era poco. La mentira solo le salió. 

HyeonU lo miró fijamente. Luego tiró brutalmente de la correa del esclavo. Este se dobló hacia adelante y casi perdió el equilibrio, como un potrillo con las piernas demasiado largas. 

ㅡNo voy a arrastrarte detrás de mí toda la noche. Espérame aquí. HyeonU tiró la correa del esclavo al suelo y se volvió sobre sus talones, las campanillas resonando.

Tae se llevó la mano a la cara mojada. Inmediatamente, el esclavo se puso de rodillas a su lado, y poniéndole suavemente una mano sobre su  muñeca, lo instó a bajarla.

ㅡPor favor, permitidme. Se correrá la pintura.

El joven lo miraba fijamente. Tae no vio ningún indicio de  reconocimiento en su rostro. El esclavo simplemente levantó el dobladillo de su túnica y lo usó para secar suavemente la mejilla pintada.

Tae se relajó. Pensó, con un poco de tristeza, que probablemente era arrogante de su parte haber asumido que el esclavo lo reconocería. Supuso que no se parecía en nada a un príncipe, con aquellos grilletes y la pintura dorada; encadenado a una glorieta en medio de un jardín busanian.

Por otro lado, estaba bastante seguro de que este esclavo no era del palacio de Daegu; si no, habría reparado en él. El color de los ojos del joven era llamativo. Su piel era hermosa y el cabello rizado castaño claro estaba matizado de oro. Era exactamente el tipo que Tae habría metido debajo de sus sábanas y pasado un muy agradable par de horas disfrutando. 

Los delicados dedos del esclavo tocaron su cara. Tae sintió un atisbo de oscura culpa por haber enviado a HyeonU a una búsqueda inútil. Pero también estaba contento por este inesperado momento a solas con un esclavo de su patria.

ㅡ¿Cómo te llamas? ㅡdijo Tae, en voz baja.

ㅡEunSeok.

ㅡEunSeok, es bueno hablar con otro daeg.

Lo decía en serio. El contraste entre este esclavo modesto y encantador, con el rencoroso HyeonU le hizo ansiar la directa simplicidad de casa. Al mismo tiempo, Tae sintió una punzada de preocupación por los esclavos daegs. La naturaleza dulce de su sumisión apenas los preparaba para la supervivencia en esta Corte. Supuso que YeJun podría tener alrededor de dieciocho o diecinueve años; sin embargo, podía ser devorado vivo por los trece años de HyeonU. Por no hablar de JiMin.

ㅡHabía un esclavo que mantuvieron drogado y sometido a bordo del barco ㅡmencionó YeJun tentativamente. Desde el principio, había hablado daegㅡ. Dijeron que fue entregado al Príncipe.

Tae asintió lentamente, respondiendo a la pregunta no formulada. Además de unos alborotados rizos castaño claro, YeJun tenía el par de ojos color avellana más irremediablemente ingenuos que Tae hubiera visto en su vida.

ㅡ¡Qué cuadro tan encantador! ㅡexclamó una voz femenina.

La columna de Tae se estremeció; YeJun inmediatamente se postró, presionando su frente contra el suelo. Tae se quedó donde estaba. Encadenado y de rodillas ya era lo suficientemente sumiso.

La mujer que había hablado era EunJi. Paseaba por los senderos del jardín con dos nobles. Uno de ellos tenía una mascota con él, un joven pelirrojo que Tae vagamente también reconocía del anfiteatro.

ㅡNo te detengas por nosotros ㅡdijo el pelirrojo con aspereza.

Tae miró de reojo a YeJun, que no se había movido. Era poco probable que supiera hablar busanian.

Su amo se rió: 

ㅡOtro minuto o dos y podríamos haberlos atrapado besándose.

ㅡMe pregunto si el Príncipe podría ser persuadido para que pusiera a su esclavo a entretener a los demás ㅡdijo Vannesㅡ No es realmente frecuente llegar a ver a un macho tan poderoso actuar. Fue una pena sacarlo de la arena antes de que tuviera la oportunidad de montar a alguien.

ㅡEstoy seguro de que no me importaría verlo después de lo que hemos presenciado esta nocheㅡañadió el amo del pelirrojo.

ㅡCreo que es más emocionante ahora que sabemos que es muy peligroso ㅡcomentó la mascota del pelo rojizo.

 ㅡEs una pena que su espalda esté destrozada, pero el frente es muy agradable ㅡapuntó Vannesㅡ. Ya lo habíamos notado en la arena, por supuesto. En cuanto al peligro... el consejero GeounSoo sugirió que no estaba entrenado como esclavo de placer. Pero el adiestramiento no lo es todo. Podría tener talento natural.

Tae permaneció en silencio. Reaccionar ante esos cortesanos sería una locura; el único curso de acción posible era quedarse tranquilo y esperar que se aburrieran y se marcharan; eso era lo que Tae estaba haciendo con determinación, hasta que sucedió aquello que garantizaba el empeoramiento de cualquier situación.

ㅡ¿Talento natural? ㅡdijo JiMin.

Se incorporó a la conversación. Los cortesanos se inclinaron con respeto y EunJi explicó el tema en cuestión. JiMin se volvió hacia el esclavo.

ㅡ¿Y bien? ㅡdijo JiMinㅡ. ¿Puedes emparejarte adecuadamente o solo sirves para matar?

Tae evaluó que si tuviera que elegir entre el látigo y una conversación con JiMin, probablemente se quedaría con el primero.

ㅡNo es muy locuaz ㅡcomentó EunJi.

ㅡViene y va ㅡdijo JiMin.

ㅡMe encantaría actuar con él. ㅡEra la mascota del pelo rojo.

Aparentemente, habló a su amo, pero las palabras fueron audibles.

ㅡSook, no. Podría hacerte daño.

ㅡ¿Os gustaría eso? ㅡdijo la mascota, mientras deslizaba los brazos alrededor del cuello de su amo, mirando de reojo a JiMin, justo antes de hacerlo.

ㅡNo. No lo haría. ㅡSu amo frunció el ceño.

Pero era obvio que la pregunta provocadora de Sook no había sido dirigida a su amo, sino a JiMin. El muchacho andaba detrás de la atención Real. A Tae le asqueaba la idea de que el niño de algún noble se ofreciera a sí mismo a ser herido bajo el supuesto de que actuaría dándole el gusto al Heredero. Entonces evaluó todo lo que conocía de JiMin, y se sintió más enfermo, ya que, seguramente, las suposiciones del chico fueran correctas.

ㅡ¿Qué pensáis Vos, Alteza?ㅡ dijo Sook.

ㅡCreo que tu amo te preferiría intacto ㅡsoltó JiMin, secamente. 

ㅡPodríais atar al esclavo ㅡpropuso Sook.

Era un testimonio de la pulida habilidad de Sook, que salió más burlona y seductora que lo que era, el último intento de un trepador por capturar y mantener la atención de un príncipe.

Casi no funcionó. JiMin permaneció impasible ante la coquetería de Sook, incluso parecía aburrido de ella. Había arrojado a Tae a la arena, pero en el ambiente empapado de sexo de las gradas, el pulso de JiMin ni siquiera había parecido vacilar. Había sido singularmente inmune a la carnalidad de lo que el busanian llamaba “actuación"; el único cortesano sin tener a una  empalagosa mascota encima de él.

“Dicen que es frígido”, HoSeok había dicho.   

ㅡ¿Qué tal algo pequeño, mientras esperamos por el principal entretenimiento? ㅡpropuso Vannesㅡ. ¿No es hora de que el esclavo aprenda cuál es su lugar?

Tae vio a JiMin absorber esas palabras. Lo vio detenerse y prestarle a la idea toda su atención, dándole vueltas a la decisión en su cabeza.

Y lo vio tomarla; su boca encrespándose, su expresión endureciéndose.

ㅡ¿Por qué no? ㅡpreguntó JiMin. 

ㅡNo ㅡ dijo Tae, subiendo su pecho, medio oprimido al sentir las manos sobre él. Luchar en serio contra guardias armados, en presencia de testigos y en medio de una Corte repleta de concurrentes, era un acto autodestructivo. Pero su mente y su cuerpo se rebelaron, adueñándose instintivamente del control.

Un banco de enamorados se ubicaba dentro de la glorieta, formando dos semicírculos. Los cortesanos estaban relajados en él, ocupando uno de los lados. EunJi sugirió vino, y un sirviente fue a su búsqueda con una bandeja. Uno o dos cortesanos más pasaron por allí y EunJi  entabló una conversación con uno de ellos acerca de los embajadores de Jinju, que  llegarían en unos días.

Tae fue amarrado en el asiento opuesto, frente a ellos.

Había un dejo de irrealidad en lo que estaba sucediendo. El amo de Sook estaba organizando el encuentro. El esclavo estaría atado y Sook usaría su boca. EunJi se quejó, expuso lo inusual que era que el Príncipe accediera a esa actuación, y que deberían sacar el máximo provecho de ella. Pero el amo de Sook no se dejó persuadir.

«Aquello realmente iba a suceder». Tae se agarró al metal de la glorieta al que tenía  esposadas las muñecas por encima de la cabeza. Complacería al público busanian. Probablemente sería uno más entre la docena de espectáculos discretos que se desarrollarían en aquel jardín.

Los ojos de Tae se fijaron en Sook. Casi se dijo a sí mismo que no era culpa de la mascota, salvo que, en gran parte, lo era.

Sook se dejó caer de rodillas y se abrió camino entre las prendas de esclavo de Tae. Este miró y no podría haberse sentido menos excitado. Incluso bajo las mejores circunstancias, los ojos verdes y cabello rojo de Sook no eran de su tipo. Aparentaba unos diecinueve años, y aunque no era tan obscenamente joven como HyeonU, su cuerpo era delicado. Su belleza era, de hecho, pulida, de hermosura poco natural.

«Mascota», pensó Tae. La palabra encajaba. Sook retiró su largo cabello hacia un lado y comenzó sin ningún ceremonial. Estaba bien entrenado y manipulaba a Tae expertamente con la boca y las manos. Este se preguntó si debía sentir simpatía o satisfacción de que Sook no fuera a tener su momento de triunfo: no estaba ni un poco duro bajo aquellas atenciones, Tae dudaba de que fuera capaz de correrse para el placer de la audiencia. Si había allí algo explícito a la vista, era la ausencia de todo deseo de estar en aquella situación.

Hubo un débil susurro y, fresco como el agua debajo de los lirios, JiMin se sentó a su lado.

ㅡMe pregunto si podemos hacerlo mejor que esto ㅡdijo JiMinㅡ . Detente.

Sook dejó a un lado sus esfuerzos y alzó la mirada, los labios húmedos.

ㅡTienes mayor probabilidad de ganar el juego si no muestras todas las cartas de una  vezㅡdijo JiMinㅡ. Empieza más lentamente.

Tae reaccionó a las palabras de JiMin con inevitable tensión. Sook estaba lo suficientemente cerca para que percibiera su aliento, una nube caliente, concentrada, lo envolvió apropiadamente, un susurro sobre su piel sensible. 

ㅡ¿Así?ㅡ preguntó Sook. La boca a una pulgada de su objetivo, y sus manos deslizándose suavemente por los muslos de Tae. Los labios húmedos entreabiertos. Tae, contra su voluntad, reaccionó.

ㅡJusto así ㅡconcordó JiMin. 

ㅡ¿Puedo...?ㅡ preguntó Sook, inclinándose hacia adelante.

ㅡNo uses tu boca aún ㅡordenó JiMinㅡ. Solo la lengua.

Sook obedeció. Lamió la cabeza, un escurridizo toque, apenas una insinuación del mismo. No era suficiente presión. JiMin observaba la cara de Tae con la misma atención cerebral que podría aplicar a un problema estratégico. La lengua de Sook presionó contra la ranura.

ㅡLe gusta eso. Hazlo más duro ㅡdijo el Príncipe.

Tae maldijo, una sola palabra daeg. Incapaz de resistir las fluctuaciones de placer que estaban recorriendo su carne; su cuerpo estaba despertando y comenzando a suplicar ritmo. La lengua de Sook se curvaba perezosamente alrededor de la cabeza.

ㅡAhora lámela. La longitud entera.

Las frías palabras precedieron a una larga y cálida lamida que lo humedeció de la base a la punta. Tae podía sentir cómo sus muslos se tensaban, y luego, progresivamente, cómo se amplificaba y aceleraba su respiración en el pecho. Necesitaba librarse de las restricciones. Hubo un sonido metálico cuando tironeó de los puños, sus manos cerradas. Se volvió hacia JiMin.

Fue un error mirarle. Incluso entre las sombras de la noche, Tae pudo ver la disposición relajada de su cuerpo, la perfección marmórea de sus facciones, y el desinterés con que lo miraba, sin molestarse siquiera en bajar la vista hacia la cabeza balanceándose de Sook.

Si se daba crédito a la  Guardia del Príncipe, JiMin era una ciudadela inexpugnable, y no tomaba amantes en absoluto. Incluso en aquel momento, JiMin daba la impresión de tener la mente de algún modo comprometida, pero con su cuerpo completamente al margen, inmune al ardor. La obscena imaginación de los guardias tenía visos de realidad.

Por otro lado, el distante, el inaccesible JiMin estaba, en ese momento, proporcionando un compendio riguroso sobre mamadas.

Y Sook obedecía cada instrucción, haciendo con su boca lo que se le indicaba. Las órdenes de JiMin eran relajadas, sin prisas, y gozaban de la práctica refinada de suspender su empeño en el momento en que empezaban a ponerse interesantes. Tae estaba acostumbrado a tomar el placer donde lo deseaba, tocando donde quería, provocando respuestas en sus compañeros en el momento que deseaba. La frustración iba en aumento a medida que la gratificación le era negada, sin descanso. Cada parte de él clamaba por la contenida sensación; el aire frío sobre su piel caliente y la cabeza en su regazo eran partes del todo que incluía el ser consciente de dónde se hallaba y quién estaba sentado a su lado.

ㅡHaz presión arriba y abajoㅡdijo JiMin.

Percibió como el aliento se disparaba de su pecho con el primer deslizamiento, largo y húmedo, hacia abajo sobre su polla. Sook no podía tomarla  toda, sin embargo su garganta estaba exquisitamente entrenada, careciendo de reflejo de náusea. La siguiente orden de JiMin llegó como un golpe en el hombro y Sook obedientemente retrocedió hasta solo chupar la cabeza.   

Tae podía oír el sonido de su propia respiración ahora, aun por encima del clamor de su carne. Incluso sin la atención rítmica, el placer difuso empezaba a transformarse en algo más urgente; podía sentir el cambio, la orientación de su cuerpo hacia el clímax inminente.

JiMin descruzó las piernas y se levantó.

ㅡAcaba con él ㅡdijo casualmente y sin mirar atrás, volviendo dónde estaban los demás cortesanos para hacer algunas observaciones sobre algún tema en discusión, como si no tuviera ninguna necesidad particular de seguir hasta el final  la conclusión ahora que era inevitable.

La imagen de Sook succionando su erección acompañó sus pensamientos traspasados por el brusco y repentino deseo de poner las manos sobre el cuerpo de JiMin y desquitarse tanto por  sus acciones como por su presumida retirada. El orgasmo lo envolvió como una llama sobre una superficie caliente, derramando la semilla que fue, profesionalmente, tragada. 

ㅡUn poco lento al principio, pero un clímax bastante satisfactorio ㅡdijo EunJi.

Fue liberado del asiento de los amantes y vuelto a empujar sobre sus rodillas. JiMin estaba sentado en el lado opuesto con las piernas cruzadas. Los ojos de Tae se fijaron en él en lugar de en cualquier otra parte. Su respiración todavía era pronunciada  y su pulso acelerado, sin embargo, la ira producía los mismos síntomas.

El sonido musical de campanillas se entrometió en la tertulia; HyeonU interrumpió sin hacer ninguna señal de deferencia hacia los de más alto rango.

ㅡEstoy aquí para hablar con el Príncipe ㅡcomunicó.

JiMin alzó sus dedos cuidadosamente y EunJi, Sook y los demás lo tomaron como una señal para hacer una breve reverencia y retirarse.

HyeonU se acercó hasta ponerse de pie delante del banco y se quedó mirando a JiMin con expresión de hostilidad. JiMin, por su parte, estaba relajado, con un brazo extendido sobre el respaldo del banco.

ㅡVuestro tío desea veros.

ㅡ¿De verdad? Vamos a hacerle esperar.

Un par de antipáticos ojos azules  miraron fijamente al otro. HyeonU se sentó. 

ㅡNo me importa. Cuanto más tiempo le hagáis esperar, en más problemas estaréis.

ㅡBueno, siempre y cuando no te importe ㅡdijo JiMin. Sonaba divertido.

HyeonU alzó la barbilla. 

ㅡVoy a decirle que esperasteis a propósito.

ㅡPuedes hacerlo si lo deseas. Yo creo que lo adivinará de todos modos, así que puedes ahorrarte el esfuerzo. Ya que estamos esperando,

¿puedo tomar un refresco? ㅡGesticuló hacia uno de los sirvientes que llevaban bandejas, quien se detuvo y retrocedió acercándose. ㅡ¿Tomas vino o no eres lo bastante mayor todavía?

ㅡTengo trece años. Bebo siempre lo que quiero. ㅡHyeonU despreció la bandeja, empujándola tan fuerte que casi perdió el equilibrio. ㅡNo voy a beber con Vos. No necesitamos empezar a fingir cortesía.

ㅡ¿No? Muy bien, creo que tienes catorce a estas alturas, ¿no es así?

HyeonU se volvió rojo, debajo de la pintura.

ㅡMe lo imaginaba ㅡdijo JiMinㅡ. ¿Has pensado en lo que vas a hacer después? Si conozco los gustos de tu Señorte queda un año más, como máximo. A tu edad, el cuerpo comienza a delatarse a sí mismo ㅡY luego, reaccionando a algo en la cara del chico añadió: ㅡ¿O ya empezó?

El rojo aumentó llamativamente. 

ㅡEso no es de Vuestra incumbencia.

ㅡTienes razón, no lo es ㅡaceptó JiMin.

HyeonU abrió la boca, pero JiMin continuó antes de que pudiera hablar.

ㅡOfertaré por ti, si lo deseas. Cuando llegue el momento. No te querría en mi cama, pero tendrías los mismos privilegios. Es posible que prefieras eso. Ofertaré.

HyeonU parpadeó y luego, sonrió con desdén. 

ㅡ¿Con qué?

Un soplo de diversión vino de parte de JiMin. 

ㅡSí, si tengo alguna tierra que quede al menos, quizás tenga que venderla para comprar pan, no me importan las mascotas. Ambos tendremos que transitar durante los próximos diez meses sobre las puntas de los pies.

ㅡYo no os necesito. Él lo ha prometido. No me va a dejar. ㅡLa voz de Hyeonu era engreída y satisfecha de sí misma.

ㅡAbandona a todos ㅡdijo JiMinㅡ, incluso si eres más emprendedor que lo que los otros han sido.

ㅡLe gusto más que los otros ㅡrió despectivamenteㅡ. Estáis  celoso. ㅡY entonces fue el turno de HyeonU para reaccionar a algo que vio en el rostro de JiMin y dijo, con un horror que Tae no comprendía ㅡ Vais a decirle que me deseáis.

ㅡOh ㅡdijo JiMinㅡ. No. Hyeonu... no. Eso sería arruinarte. Yo no haría eso. ㅡEntonces su voz se volvió casi fatigada. ㅡTal vez sea mejor si piensa que lo haría. Tienes una muy buena cabeza para la estrategia, para pensar en una. Tal vez te mantenga más tiempo que a los demás. ㅡPor un momento pareció como si JiMin fuera a decir algo más, pero finalmente, solo se alzó del banco y le tendió la mano al muchacho. ㅡ Vamos. Vayamos. Puedes ver como seré regañado por mi tío.


You Might Also Like

0 comentarios